Yo fingía estar dormida, todo estaría muy oscuro cuando llegaran mis compañeros, debía ser más de medianoche. En unos minutos, sólo unos minutos más Marco Antonio leería mi nota y yo lo esperaba ansiosa. Pasaron cinco, diez quince, veinte minutos, no podía esperar, así que decidí pararme junto a la puerta hasta que llegara. De veras no se veía nada, ni siquiera podía prender las luces porque supuestamente yo estaba durmiendo y dentro de unos instantes iba a suceder pero de pronto, escuché los pasos de alguien. Por la rendija de la puerta observé la figura de un tipo, no cabía la menor duda, era Marco Antonio. Al parecer estaba borracho, caminaba mareado y no encontraba mi cuarto. No me quedó de otra más que cogerlo del brazo y empujarlo a la habitación. Él respiraba agitado, sin pronunciar palabra, yo sentía que lo había logrado, aunque estaba nerviosa, no me contuve y le di el mejor beso que jamás pensé dar, era el primero de mi vida, había aprendido de las 308 novelas que había visto en el Canal de las Estrellas. Mi cuerito me correspondió muy pero muy bien; introdujo su húmeda lengua en mi boca, sus labios recorrieron los míos, al principio me daba cosa pero luego me sentí tan, tan…era como si un volcán erupcionara dentro de mí, como si miles de fuegos artificiales reventaran en mi cabeza, como si…ay, nunca antes me pasó esto y estaba dispuesta a llegar hasta donde él quisiera. Jamás en mi pequeño vivir hubiera imaginado (a pesar de que sólo vivía de sueños) que todo en mí (al menos interiormente) cambiaría tan radicalmente. Mi primer amor, mi primer beso, mi primera vez llegaron de un solo porrazo. Ahora tenía a un chico guapo acostado a mi lado para mí solita ¿Qué pasaría después? Lo que es yo me iba a esmerar en ponerme figurita, hacerme el implante, ponerme bella (bueno, no sé si tanto, pero algo así) para mi nuevo novio. Desde este momento, era diferente a la mayoría de chicas de mi edad, era experimentada, estaba aprendiendo a vivir. Mis dudas, mis tremendas inquietudes por saber qué era el sexo, cómo se sentía, quedaron esclarecidas: era lo máximo que Dios inventó, era algo que te unía irremediablemente a una persona, te dejaría huella por siempre, qué bonito se sentía no ser virgen, como que te daba más seguridad ante el mundo. Vi mi reloj. Cinco de la mañana, estaba amaneciendo, me moría de sueño, casi no había dormido pero tenía que despertarme y despertar al cuerito antes que notaran su ausencia. Bostecé, abrí los ojos lo más que pude y volteé sonriendo a verlo. Me sobé los ojos, debía estar viendo mal, no podía ser: ¿Qué hacía a mi lado Christopher, el amigo de Marco? Lo moví para que se levantara y me diera una explicación.
mi vida es (IV)
31 01 2008Comentarios : 1 comentario
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MI VIDA ES (III)
28 01 2008Las horas pasaban y nada, diez, diez y media, once…cuando de pronto, un niño de un grado menor que yo se iba acercando a mí, sí, a mí, porque las demás estaban bailando, yo era la única; no importaba que fuera más joven, lo aceptaría sin dudar. Entonces llegó y muy serio me preguntó, justo cuando una balada en inglés empezaba a sonar: “Amiga, ¿sabes dónde está el baño?”. Le hice una seña de que estaba a la derecha y se marchó. Me sentí tan estúpida, no tenía por qué ir, las lágrimas inundaron mis ojos mientras la gente reía, bailaba, y otros en las esquinas se besaban y esta maldita faja que me aprisionaba el vientre, los sentimientos, el corazón. Huí, aunque nadie lo notó, a esperar en la puerta a mi papá que me iba a recoger. Llegó una hora y treintaitrés minutos después y me preguntó: “¿Te divertiste?”. En mi casa, las cosas tampoco marchan sobre ruedas. Mi madre es una ex profesora hipocondríaca y obsesivo-compulsiva de la limpieza. No permitió que fuera al colegio hasta los nueve años por temor a que los niños me contagiaran piojos o alguna otra enfermedad, así que prefirió enseñarme en casa. Mi padre, por su lado, era un jubilado que gustaba de ir a los telepódromos a apostar a las carreras. Eso y el fútbol eran su pasión y vivía inmerso en sus recuerdos, en sus múltiples anécdotas de futbolista, boxeador, preparador de caballos, cronista, en fin, qué no habría hecho mi papá durante su juventud. Ahora su pasatiempo era lustrar su docena de zapatos cada noche a la luz de su viejo lamparín. Siempre comíamos los tres a la misma hora, escuchando música clásica y sin decir una palabra, estaba prohibido hablar y comer porque según mi mamá dificultaba la digestión. Nunca me escuchan, no les interesa lo que me pase ni me entienden, me obligan a comer como un cerdo y dicen que eso de hacer dietas son tonterías porque yo estoy bien tal como estoy. Puchi es mi único fiel amigo, con él comparto todo. Tiene cuatro años, no sé qué haría si él me fallara. Me lo regalaron en un cumpleaños, seguro para librarse de su cargo de conciencia por no prestarme atención o para acabar con los pericotes que empezaban a visitar la cocina, pero igual les agradezco haberme presentado a Puchi, el siamés mas bueno que he conocido. La otra vez me tomaron un examen de orientación vocacional y adivinen qué me salió: bibliotecaria. Lo único que me faltaba, una carrera tan monse como yo, es cierto que los libros me encantan, pero no creo en los tests, así que voy a darles la contra. Me he inscrito en el club de reporteros escolares de un diario, ¿qué tal? No está mal, ojalá me acepten y me vaya bien. Imagínense, la reportera Ana Curotto, aunque no me guste escribir y odio las noticias, vamos a ver cómo me va. Esos malnacidos de mi salón, todavía me acuerdo de ellos y me hierve la sangre, pero la espinita por mi cuerito Marco Antonio siempre quedó y tenía que quitármela antes de acabar el colegio. El fin de año se venía y a mí se me ocurrió una idea…espléndida. Era el viaje de promoción a Huaraz. Por la noche se fueron todos a una discoteca, claro, todos menos yo, porque ni siquiera me dijeron nada para variar. Volviendo al tema, la cosa es que se fueron a una disco llamada “Cascadas” creo que se llamaba, iban a tomar hasta quién sabe qué hora, así que ¿para qué ir? No iba a hablar con nadie, si viajé fue por estar lejos de casa y conocer Áncash. Estaba sola en el hotel, los cuartos estaban vacíos y yo sabía en cuál dormía él: en el 501 con su amigo Christopher. Afortunadamente habían dejado la puerta abierta y no tuve problemas para entrar. Al instante supe cuál era su cama, sobre ella estaba tendida su casaca de promo, la olvidó de seguro. La tomé, la acaricié, en ese momento me sentí tan cerca de él. Dejé la nota sobre la cama, eran unas pocas líneas en las que lo citaba a su regreso, cuando todos durmieran, a ir a m cuarto, yo dormía sola y él no tenía idea de que ésa fuera i habitación. Esperaba que ojalá vaya porque yo le daría la una sorpresa.
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mi vida es (II)
27 01 2008Pensar que un muchacho pueda quererme por lo que llevo dentro es un sueño imposible. Estábamos en la clase de Literatura, la profesora hablaba de Bécquer, mi poeta favorito, cuando encontré una carta entre mis cuadernos, dentro de mi mochila azul.
Bueno, en realidad, era una nota, pero de cualquier forma, nunca nadie me había escrito algo así que quedé muy emocionada, nunca nadie me había dicho algo como eso. Iba dirigida a mí de parte de mi admirador. ¡Oh, Dios mío, mi admirador! ¿Tenía un admirador? Literalmente decía así:“
Por una mirada, un mundoPor una sonrisa, un cieloPor un beso…yo no sé que te diera por un beso¿Sientes por mí lo mismo que yo por ti?Búscame a la salida en la laboratorio de Química”
Miré a todos lados y escondí el papel rápidamente, nadie más que yo y él, claro, debíamos saberlo, pero…¿quién era él? ¿Sería acaso Marco Antonio? El chico más guapo del mundo y el ladrón de mi corazón, imposible! Él jamás me ha mirado siquiera, es más, creo que no sabe mi nombre como casi todo el salón. Hace dos semanas había terminado con su enamorada, así que tal vez…
Esperé ansiosa la hora de la salida, no tenía ni idea de qué le iba a decir, pero eso ya no importaba. Tuve que esperar a que todos se vayan, prefería que nadie se enterara y acudí a paso lento hasta el mentado laboratorio. La puerta estaba junta.
entré muy nerviosa, mis macizas piernas empezaron a temblar como hojas de papel y mi respiración estaba entrecortada. El laboratorio estaba a oscuras y yo no sabía dónde estaba el interruptor; el lugar parecía un túnel estrecho, oscuro, empecé a sentir miedo, nadie estaba ahí, nadie más que yo. De pronto, un sonido de algo que se cayó me percató de la presencia de alguien. En efecto, al fondo pude divisar una figura alta y espigada.
Me acerqué hasta él: era extraño, una capa negra lo cubría, estaba de espaldas, así que no tuve más remedio que destaparlo; entonces, se dio vuelta. Me sorprendí, no podía creer lo que veía: era un esqueleto con un cerebro humano sobre el cráneo, el cual se cayó a mis pies. Al verlo, lancé un grito de pavor y caí desmayada. Aunque estaba inconsciente, escuché a lo lejos risas de no sé quiénes, se fueron corriendo y me dejaron tirada.
Cuando abrí los ojos, me asusté nuevamente, porque un rostro sumamente arrugado me observaba. Era loa encargada de la limpieza, quien no me creyó lo de la broma y tan sólo me dijo que estuvo mal jugar con los materiales y que no le contaría nada a la directora si yo limpiaba todo por ella. No me quedó otro remedio, tuve que barrer y trapear el laboratorio.
Qué injusto, después de la broma tan pesada que me habían jugado mis compañeros, sin contar que en mi casa recibí una regañiza por llegar tarde. Realmente fueron muy malos conmigo, no merecía que me tomaran el pelo así, yo tuve la culpa por ingenua, en definitiva tengo que entender que el amor no está hecho para mí. Recuerdo la fiesta del colegio a la que asistí el año pasado, mi primer baile: me arreglé lo mejor que pude, con un vestido celeste que llegaba hasta el piso, bien fajada por supuesto; me uní al grupo de las populares, estaba con ellas, pero ellas no estaban conmigo, miraban de reojo por ratos, pero me ignoraron la mayoría del tiempo.
Igual seguí parada junto a ellas, qué podía perder, al contrario, era la única manera de ser vista; pensaba que al verme con ellas me considerarían una chica interesante, se fijarían en mí y saldría a bailar en cualquier momento.
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MI VIDA ES
24 01 2008Hay quienes dicen que la vida es una mierda. Yo les puedo asegurar que no es cierto, conozco chicos (¿y quién no?) que tienen todo lo que una MUJER de quince años y muy pronto dieciséis como yo puedan desear: son bonitas, tiene hartas amigas nice como ellas, pero no tantas como pretendientes, sus padres las miman, hablan lindo el inglés, bailan como las chicas de High School Musical y tienen un abdomen absolutamente plano a pesar de los diez panes con hamburguesa que se comen a diario; en fin, Dios les dio tanto a ellas y tan poco a nosotras, o al menos a mí, que puedo dar fe de que mi vida es legalmente una cagada, una cojudez, una huevada sin razón de ser, en conclusión, soy un apéndice para el mundo.
Nací el 29 de febrero de un año bisiesto, así que festejo mi cumpleaños casa cuarenta y ocho meses; bajo ese pretexto, no me celebraron los quince ni me celebrarán los dieciséis, dicen que es mejor ahorrar para la universidad…pero está bien. ¡Total! Sólo hubieran asistido mi colección de lagartijas y mi gato Puchi porque no tengo amigos, alguna vez cuando era chiquita tuve uno pero se fue.
Creo que como me ven como un ente raro, pues nada más causo alergia al resto. Me llamaron Ana por mi abuelita que se murió un día antes de que yo viniera al mundo, mientras me tejía un roponcito; al menos a ella sí le hacen su misa cada año sin falta. Tras su muerte, mi mamá insistió en nombrarme Ana a como dé lugar. Mi papá deseaba con todas sus fuerzas un varón, y cuando nací yo quedó muy frustrado pues hasta hace poco trataba de enseñarme a tirar penales; es que mi mamá sufrió tanto en mi parto, que no quiso tener más hijos.
Mi nombre significa graciosa, aunque tenga el humor de un tramboyo, más bien debería ser grasosa. Sospecho que con un metro cincuenta y cinco de estatura y sesentaidós kilos de peso, algo no anda bien. Aunque en mi casa dicen que no soy gorda, sino robusta, la verdad es que tengo una cintura como la de Tongo (sufre, peruano, sufre!). ¿Por qué la vida se ensañó conmigo de esa manera? ¿Por qué? No es fácil seguir la moda con un talla 34 de pantalón y un alicaído 32B (sin contar relleno) de brassiere.
Mi barriga tuvo que ampliarse pero mis bubis…ay!, mis bubis simplemente no florecieron. Juro que un día robaré los ahorros de mis papás y me iré al primer cirujano que encuentre y cuando vuelva nada podrán hacer con mis nuevos atributos. Con respecto a mi dieta, ayer la empecé y para el recreo la rompí; es que esas papitas rellenas de cincuenta céntimos rebosantes de mayo0nesa y ajicito son mi perdición. Mi segundo nombre es Cecilia que significa ciega y a ése sí le hago honor puesto que era visca de nacimiento y aunque luego me operaron me veo obligada a utilizar anteojos no muy seductores y la vista aún me falla muchas veces.
También poseo unas manos muy pequeñitas, una nariz de escalera, labios muy delgados y un cabello muy negro que debo mantener corto porque sino crece como esas esponjas Scotch Brite. Debe ser por eso que a mis quince años (y muy pronto dieciséis), aún no he probado el sabor de mi primer beso, de hecho, no he tenido la menor experiencia con alguien; aún sigo virgen y es que soy tan fea que nadie se fijaría en mí. Así lo comprobé hoy por la mañana en el colegio.
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amigos por siempre
22 01 2008
Las vacaciones habían terminado, pero para ellos recién empezaban. Esther, una rubia espectacular, de familia acomodada, carismática, rodeada de amigos y pretendientes, no le faltaba nada excepto tomarse un respiro después de trabajar como anfitriona todo el verano en las discotecas del sur. La acompañaban Olivia, su amiga del ICPNA donde Olivia seguía estudiando tras repetir incontables veces los cursos. Pierre, al enterarse de los planes de sus amigos, decidió ir, ya que trabajó durante el verano dando clases de windsurfing; Rodrigo, el organizador de todo, no lo había invitado por su manera tan escandalosa de ser, nunca le había caído bien, pero no pudo negarse cuando Esther se lo pidió: “Ya pues Roddy, no seas malito”. ¿Cómo decirle no a esa preciosura que le hablaba en ese tono tan dulce? Más aún si lo llamaba Roddy, moría cuando le decía así. Sentía revivir esos momentos en que siendo dos adolescentes, se dieron el primer beso y ella le decía: “ Roddy, nunca me dejes”. Claro, de eso había pasado mucho tiempo, ellos ya no eran los de antes, se habían alejado. A esto se debían las vacaciones. Rodrigo tenía una casa en Pulpos y preparó todo para invitar a Esther unos días a la playa, juntos, solos….bueno, no tan solos, pero al menos en compañía de ella. Hace algunos años, Rodrigo había puesto un salón de belleza con un amigo, le iba muy bien. Al principio le avergonzaba, pero luego se fue involucrando más y más en el negocio y ahora adoraba ser estilista y de hecho, era considerado uno de los mejores del medio.
Hasta que el día del viaje llegó, irían en el auto de Rodrigo, quien correría con todos los gastos. Después de esperar por más de media hora a Pierre que se había quedado dormido, nuestros cinco personajes partieron rumbo a la playa…esperen ¿eran cinco? Ah! Claro, Claudia, la prima de Esther, también iba. Es que era una chica baja, paliducha y tan tímida que nadie sabía por qué había aceptado ir si nunca salía de su casa.
El cielo azul prometía un divertido día. Al llegar, todos morían por ir a la playa. La casa de Rodrigo era pequeña, así que las chicas dormirían en los cuartos y los chicos en los sofás. Pierre les propuso darles una clase de windsurfing, pero nadie se animó, le dijeron que él no había venido a trabajar, sino a descansar.
Ya en la playa, Pierre se encontró con un amigo suyo, Henry, un etnólogo inglés, algo mayor, pero bien conservado, y quien no tardó en integrarse al grupo.
El día había pasado muy bien entre risas, cebiche y mar. Rodrigo no había logrado estar a solas con Esther, pero ya idearía la forma, ahora eran seis y las parejas se empezarían a formar. Olivia, “Sublime”, como le decían por el color de su piel, ya le había echado el ojo a Pierre, no en vano había estudiado seis años en el ICPNA; Pierre entonces, tendría que irse con Claudia y eso sí que estaba difícil, pues ella tenía el humor de un pavo…un pavo, claro! A los pavos se les emborracha antes de matarlos y quizá si Claudia tomaba unas copas de más…no sabía qué pasaría, pero pensaba que si ella quiso ir a la playa, era porque en el fondo quería cambiar, sólo que se reprimía. La verdad no le faltaba razón: Claudia siempre había vivido a la sombra de Esther, por eso era muy introvertida, sin embargo, guardaba unas ansias locas de ser otra, mejor que su prima.
En la noche, en vista de que las discotecas de verano ya habían cerrado, armaron una fogata para quemar las casi fosilizadas salchichas que Pierre había llevado. La noche transcurría amenamente y las cervezas iban y venían hasta que cada uno decidió contar sus secretos. Claudia era una de las más entusiastas gracias a los efectos del alcohol. Ella, a las preguntas de cada uno confesó que era virgen, pero que moría de ganas por iniciarse un día como ése, en la playa, con Pierre, por eso deseaba ir allá, no por acompañar a Esther, de quien dijo detestaba y sólo quería verla muerta. Luego estalló en una carcajada, pero ya el ambiente se había puesto tenso.
Olivia, tratando de calmar los ánimos, no tuvo reparos en declararle a Henry su amor: “No te gusto por bonita porque sé que no lo soy, te gusto por morenita y sabrosa que soy. Recuerda que Sublime es el chocolate más rico que hay”. Henry no hizo menos que avergonzarse y decirle que le caía bien, pero que su vida personal no la mezclaba con sus objetos de estudio. La “Sublime” se molestó a más no poder de que la llamaran “objeto de estudio” y se fue a la casa. La situación se tensó más todavía.
Era el turno de Rodrigo: él no se atrevía a contar nada hasta que Esther le preguntó por qué no le caía bien Pierre. Entonces, Rodrigo miró fijamente a Pierre y después de dudarlo un momento, respondió: “Porque por su culpa te alejaste de mí, sé que él te dijo que yo era homosexual para que terminaras conmigo, y todo porque yo lo rechacé cuando me quiso besar. Siempre lo ha querido mantener oculto, pero es gay”. Pierre se abalanzó inmediatamente sobre Rodrigo para golpearlo. Enseguida, fue a empacar sus cosas para irse, siendo seguido por Claudia, mientras Henry decidió ir a buscar a Olivia. Una vez sola con Rodrigo, Esther le increpó: “¿Por qué no me lo dijiste antes?” y corrió a la casa de playa a encerrarse en uno de los cuartos.
Al llegar Rodrigo a su casa, Olivia y Henry estaban encerrados en el baño y no querían ser molestados. Claudia y Pierre se habían ido, pero regresarían puesto que Pierre había dejado su tabla; Esther estaba en otro cuarto con las luces prendidas y en silencio, así que apenado por lo sucedido, se echó en el sofá, no sin antes comer unos cuantos duraznos de los que había traído Esther.
Por la mañana muy temprano, Esther se despertó dispuesta a hablar con Rodrigo. En el cuarto de al lado, dormían plácidamente Henry y Olivia, se sonrió de verlos. Al bajar las escaleras, vio a Rodrigo sentado en el sueñlo y con la cabeza agacha; de seguro estaba borracho. Lo intentaba despertar pero fue inútil: Rodrigo estaba muerto; se había atragantado con una pepa de durazno y había dejado a medio escribir una carta para Esther que decía así: “Esther, eres mi única amiga y por si no lo sabías, entérate de cuánto te quiero. Eres la persona más importante de mi vida. Se que estás molesta conmigo, te fallé y no te culpo. Yo ahora me iré de viaje pero volveré muy pronto. Siempre estaremos juntos, tú estarás en mi pensamiento y guardaré el sabor de tus labios, es que t…”.
Esther no pudo contener el llanto y lamentó haber peleado con él antes de que muera. Tan sólo apretó la carta diciendo al cuerpo inerte: “Roddy, tienes razón, tú y yo seremos amigos por siempre”.
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