Mi mamá me mimó (IV)

31 03 2008

ESCENA 15: calle exteriores noche

 

Lía cierra la puerta de su casa y empieza a correr. 

 Voz en off: Tenía que callarlos, eso les pasa por no oírme nunca. Lo único que les importa es el qué dirán, una Canseco- Schmidt madre soltera, porque en algo tenían razón: ¿cómo podría asumir Claudio la paternidad de mi hijo con su adicción? Él nunca cumpliría su promesa y yo…yo me sentía tan sola, odiando al bebé pero a la vez queriéndolo pues era algo así como mi cómplice en esto (se detiene y se arrodilla en la calle). Un grupo de chicos pasan en un carro y empiezan a gritarle groserías.

Lía: (se tapa la cara y llora desconsoladamente. Alguien le toca el hombro. Ella voltea y es su padre quien la ayuda a pararse y se abrazan).

 

Papá: (susurrando) Te quiero, te quiero mucho.

 Lía: (llora, lo abraza) Hace…hace mucho tiempo que no me lo decías, lo había olvidado.

Papá: Vámonos de aquí. Tus hermanas y tu madre están preocupadas por ti.

 

Lía: (se limpia las lágrimas) Ya, pero antes quiero ir al hospital.

  

ESCENA 16: hospital interiores noche

 

Lía llega con su padre y se dirige a donde se encuentran los papás de Claudio.

 

Lía: Señor, dígame, ¿cómo está Claudio?

 

Papá de Claudio: (se pone de pie y toma de las manos a Lía). Qué bueno que llegas.

Aún lo están examinando, no nos queda más que esperar.

 

(Mamá de Claudio mira a Lía de reojo).

 

Lía: (la mira y baja la mirada) Doña Carmen, ¿cómo está?

 

Doña Carmen: (irónica) ¿Cómo voy a estar con mi hijo que se está muriendo?

 

Papá de Claudio: No exageres. Encontramos a Claudio inconsciente. Tememos que haya tenido una sobredosis.

 

(Lía suspira y se apoya en el hombro de su papá. Se acerca un médico).

 

Doña Carmen: Doctor, díganos cómo está mi hijito.

 

Médico: ¿Ustedes son familiares de Claudio Carmona?

 

Papá de Claudio: Sí, somos sus padres.

 

Médico: Bien, debo informarles que su hijo sufrió un preinfarto debido a una sobredosis de cocaína.

 

Lía: ¿Pero se recuperará?

 

(Doña Carmen mira a Lía con desprecio)

 

Médico: Afortunadamente pudimos desintoxicarlo y está fuera de peligro, pero deberá permanecer internado unos días más.

 

(Doña Carmen y su esposo respiran aliviados).

 

Papá de Lía: Doctor…(mira a los padres de Claudio) ¿Usted cree que él pueda haber contraído el Sida?

 

Médico: Habrá que realizarle una prueba de Elisa para determinarlo, pero lo dudo, él jamás empleó jeringas.

 

Papá de Lía: Gracias doctor.

 

(Médico se retira. Lía se siente avergonzada por las miradas de Carmen)

 

Voz en off: Esta vieja no deja de mirarme, qué me querrá decir, seguro que me detesta.

 

Doña Carmen: (camina observando a Lía y se para a su lado) Qué lástima, mi hijo es tan bueno, sin embargo, nunca le han tocado buenas mujeres.

 

Papá de Claudio: Carmen, por favor.

 

Papá de Lía: ¿Qué está tratando de insinuar, señora?

 

Doña Carmen: Nada, yo sólo digo la verdad, ¿acaso no te acuerdas de Rita, su esposa?

 

Lía: (sorprendida) ¿Esposa?

 

Papá de Lía: ¿Es que Claudio es casado?

 

Doña Carmen: Por supuesto, y tiene un hijo…pero ¿no lo sabían?

 

Lía siente un mareo y su papá la ayuda a sentarse.

 

Papá de Lía: ¡No puede ser! Jamás supe que Claudio se hubiera casado.

 

Papá de Claudio: Se casó en secreto, él tenía 18 años y ella era algunos años mayor que él, pero no duraron ni un año.

 

Lía: ¿Y el niño? ¿Tuvieron un hijo?

 

Doña Carmen: Claro que sí, qué extraño que mi hijo nunca te lo haya mencionado, pero quién sabe dónde estén ahora. Esa mala mujer lo abandonó, por eso se metió en las drogas y nunca más volvió a enamorarse (sonríe maliciosamente).

 

Lía: ¿Te das cuenta papá? Me mintió, siempre me mintió.

 

Papá de Claudio: Lo siento Lía.

  

ESCENA 17: entrada del hospital exteriores día

 

Lía y su padre salen del hospital.

 

Voz en off: Claudio era mi único apoyo y acababa de darme la mayor decepción de mi vida.

 

Lía: No quiero volver a verlo papá.

 

Papá de Lía: No te preocupes hija. Yo tampoco lo permitiré.

 





Mi mamá me mimó (III)

29 03 2008

ESCENA 11: interior de auto interiores noche

 

Lía está recostada en el asiento, pensativa mientras su papá conduce.

 

Papá: Yo entiendo lo que te está pasando. Seguro estabas muy ilusionada pero no te preocupes, yo estoy contigo.

 

Lía: (se disgusta pero no le hace caso).

 

Voz en off: Hipócrita! ¿Qué podía saber él? Jamás me prestan atención ¿Cómo contarles que lo hice con él?

 

ESCENA 12: sala interiores noche

 

Lía llega con su padre a su casa. Éste cierra  la puerta. La madre de Lía se acerca a ella.

  

Mamá: (se acerca a abrazarla) Hija, ¿cómo te sientes?

 

Lía: (hace gesto de incomodidad, aparta el brazo de su madre y camina hacia su cuarto) ¡Déjenme en paz!

 

Mamá: (extrañada) Pero…hijita.

 

Papá: (toca el hombro a mamá de Lía) Déjala, está alterada.

  

ESCENA 13: cuarto de Lía interiores noche

 

Lía se echa en su cama, abraza a su almohada y hace un esfuerzo para no llorar.

  

Voz en off: No voy a llorar, no voy a llorar, debo tener la cabeza fría para pensar…

ahora qué voy a hacer? (tocan la puerta)

 

Lía: (grita) ¡No quiero ver a nadie!

 

Mamá: Hija, te llaman por teléfono, es el papá de Claudio.

 

(Lía se levanta de la cama, se limpia los ojos y abre la puerta. Su mamá le sonríe pero ella la ignora y sale).

  

ESCENA 14: sala interiores noche

 

Lía corre hacia el teléfono y se detiene cuando ve a su papá y a sus hermanas sentadas en el sofá mirándola.

 

Papá: Tranquila, si no deseas no contestes.

 

Lía: (lo mira con rabia y luego coge el teléfono) Aló?…sí, soy yo, señor Carmona…¿Cómo está Claudio?…pero cómo?…entiendo, mi padre les avisó…no se preocupe…en media hora estaré allí (cuelga el fono).

 

Papá: ¿Está todo bien?

 

Lía: (grita) ¿Bien? ¿Por qué tuviste que llamarlos para que vayan a recoger a Claudio a ese lugar tan horrible?

 

Papá: (sereno) Lo hice por Claudio, y por ti, porque lo amas…verdad?

 

Entra a la sala la madre de Lía.

 

Lía: (cierra los puños, mira al suelo) No lo amo.

 

Mamá: (le toca el hombro) Yo te entiendo, tus ilusiones están rotas, pero nos tienes a nosotros que te apoyaremos en todo.

 

Lía: (se suelta, camina, mira a sus padres, a sus hermanas que la observan sentadas en el sofá y lanza un suspiro) Estoy embarazada de él (todos se quedan atónitos).

 

Papá: ¿Qué…qué dijiste?

 

Mamá: (llorando) No, no puede ser cierto, es mentira, es mentira!

 

Lía: Pues sí, es verdad, entérense que espero un hijo de Claudio.

 

Mamá: ¿Y tienes el descaro de decirlo así, en frente de tus hermanas?

 

Papá: (se acerca a Lía y le da una cachetada) ¡Estúpida!

 

Lía tambalea y cae al suelo. Todos la miran con rechazo. Lía apoya su cara en el suelo y deja caer una lágrima.

 

Voz en off: Tal como lo imaginaba. Su dichoso apoyo no incluiría un bebé.

 

Mamá: ¿Cuánto tiempo tienes?

 

Lía: (susurra) Tres.

 

Papá: (colérico). ¡Maldita sea! ¡Tres meses! Pues ni creas que el drogadicto ese se va a hacer responsable así que tú verás cómo te haces cargo de él.

 

Lía: (ida, se pone de pie sin ayuda de nadie y se dirige a la puerta).

 

Papá: ¿A dónde te vas?

 

Lía: (lo ignora y abre la puerta).

 

Papá: Te dije que a dónde vas. No te permito…

 Lía: A mí tú no me permites nada papá.





Mi mamá me mimó (II)

27 03 2008

ESCENA 7: dormitorio interiores noche

 

Lía  prepara su cama para acostarse en ella.

 

Voz en off: Yo estaba a punto de acostarme  cuando mi padre llegó.

 

Lía levanta la cabeza, su padre entra intempestivamente, le dice algo y se va.

 

Voz en off: Me pidió que saliera cuanto antes, que era algo muy importante y me esperaba afuera. (Lía saca una chompa del cajón, se la pone, se amarra el pelo).

 

Voz en off: Así que me puse lo primero que encontré y salí.

 

Lía abre la puerta y se va.

  

ESCENA 8: puerta de la casa exteriores noche

 

Lía y su mamá salen de la casa.

 

Mamá: (besa la frente de Lía) Cuídate mucho.

 

Lía: (mira fijamente a su madre, luego mira a su papá en el carro que le toca la bocina alterado).

 

Voz en off: Parecía que mi papá había venido de paso, sólo a recogerme. No entendía de qué se trataba todo eso.

 

Lía: (sube al carro y éste arranca rápidamente, mientras la mamá de Lía se queda observándolos).

  

ESCENA 9: interior de auto interiores noche

 

El carro va a gran velocidad y dobla en un barrio. Su papa luce serio.

  

Lía: (nerviosa) Por favor papá, no aceleres!

 

Papá: (la mira) ¿Desde hace cuánto que sales con ese joven?

 

Lía: ¿De qué hablas papá? (mira por la ventana).

 

Voz en off: Se refería a Claudio, hace casi seis meses salíamos juntos. Se los mencioné la otra noche, pero no le dieron importancia.

 

Papá: ¿Te ha dado a probar drogas?

 

Lía: (sorprendida) ¿Qué? ¿qué drogas? Claro que no.

 

El auto se detiene en una calle oscura.

 

Lía: ¿A dónde me has traído papá?

 

Papá: Baja Lía.

 

Lía: No papá, no lo haré (una mujer drogada pega su cara en la ventana. Lía se tapa la cara).

 

Papá: (grita) Lía, te ordeno que bajes en este instante!

 

Lía: (empieza a llorar y abre la portezuela del auto).

  

ESCENA 10: calle exteriores noche

 

Un grupo de drogadictos fuman pasta básica de cocaína. Lía se acerca a ellos tomada del brazo de su padre.

 

Lía: (se da media vuelta) Es suficiente, quiero regresar.

 

Papá: No hija, fíjate bien.

 

Lía: (se acerca a uno de ellos y lo mira fijamente, una lágrima cae por su mejilla) No. No puede ser verdad.

 

El joven la mira vagamente, sin darle importancia.

 

Lía: (llora y grita) ¿Por qué Claudio, por qué?

 

Papá: Regresemos, no tienes que seguir viendo esto.

 





Mi mamá me mimó

25 03 2008

 ESCENA 1: tocador de un baño interiores día

Una joven se mira al espejo, se está pintando los labios, los junta.  

Voz en off: Su nombre era Lía Canseco- Schmidt. De familia acomodada, nunca le faltó nada (la joven deja de mirarse al espejo, voltea y sonríe a sus amigas). Tenía muchos amigos y además era muy bonita. (El grupo de chicas salen del baño, conversando y riendo) sin embargo, como nada es perfecto en esta vida, esa aparente felicidad no le duró siempre.  

ESCENA 2 dormitorio interiores día

Lucía cierra un libro, echada en su cama. 

Voz en off: Eso era todo lo que sabía de mi madre (se para y toma una foto de sus abuelos). Mis abuelos, pretextando uno u otro motivo, me habían ocultado la verdad (deja la foto y se echa en la cama con los brazos estirados); así que desde niña no tuve más que mi imaginación para saber cómo había sido antes de morir.  

ESCENA 3: dormitorio interiores noche

Lucía está acostada y su abuelo se sienta junto a ella. 

Abuelo: (sonríe) ¿Y qué se siente tener quince años?

Lucía: Muy bien. Con catorce aún eres una niña, pero con quince, ya soy una mujer (ríe).

Abuelo: (ríe). Bueno  mujercita, en vista de eso, creo que es hora de disipar tus dudas.

Lucía: (se acerca a su abuelo, extrañada) ¿Dudas? (emocionada) ¿Estás hablando de lo que no sé…de mi mamá?

Abuelo: Sí.

Lucía: (le da un beso en la mejilla) Gracias! Muchas gracias pero, a ver, no sé por dónde empezar…

Abuelo: Hoy es tarde. Mañana será. 

 ESCENA 4: dormitorio interiores día

Lucía da vueltas alrededor de su cuarto

Lucía: (impaciente) No, eso es muy tonto (se agarra la cabeza) Ay, ¿qué le preguntaré? (se detiene y mira al frente) Un momento, ¿qué es esto? Tienes 15 años y no sabes nada de tu mamá ¿por qué? ¿por qué no decírmelo antes? (tocan la puerta) ¡Pasen!

Abuelo: (asomándose) ¿Puedo pasar?

Lucía: Por supuesto (se sienta en la cama) Te estaba esperando

Abuelo: Tus dudas, aquí entenderás todo.

Lucía: (toma el cuaderno) ¿Qué quieres decir?

Abuelo: Tus dudas, aquí entenderás todo.

Lucía: ¿O sea que no me vas a contar?

Abuelo: Si después de leerlo, te quedan dudas, podrás preguntarme.

Lucía: (mira el cuaderno, lo hojea) Bueno…gracias.

Abuelo: Empieza a leerlo cuando desees (se va).

Lucía: (toca el cuaderno, lo hojea, sonríe y sale corriendo de su cuarto).  

ESCENA 5: desván interiores día

Lucía entra y prende la luz. Se dirige a un armario.

Lucía: (abre un cajón lleno de fotos, anillos, dijes) ¡Tonterías! (mira el cuaderno) Ahora sí, tengo el mayor tesoro de Lía. Lo extraño es que nunca antes lo había visto. Ya no necesitaré de estas cosas para saber de ti. 

 ESCENA 6: desván interiores nocheLucía se sienta a leer el diario mientras come una manzana. Abre el cuaderno y lee en voz alta.

Lucía: Yo estaba a punto de acostarme…





A good boy

23 03 2008

Cuando lo conocí, no hubiera dado dos centavos por él. Callado, apocado, ahuevado y un poco tarado. ¿Cómo es que entonces llegó a convertirse en una persona tan especial y necesaria para la vida de esta damisela? A continuación se los explico.   

Dicen que no debemos juzgar a las personas a la primera impresión y es verdad. De otra forma no podría estar ahora contándoles mi más sublime historia de amor (ja, ja  just kidding!).

  Todo empezó por una apuesta con Lilibeth, una apuesta que consistía en ligarme a Pablito antes de que culmine el verano. Yo ya lo había conocido hacía dos años en una salida de grupo con Dulce, Sandra y Conan, pero su forma de ser tan parca e introvertida hizo que no le tomara la menor atención, tanto así que ocupamos las últimas butacas del cine al que fuimos y te dejamos solo, apartado, en la fila de adelante. Eso bastó para que no quisieras saber ni de mí ni de mis amigas nunca más, hasta que, gracias al Internet, te envié un mensaje, ofreciéndote disculpas (claro, no porque realmente lo sintiera, si no porque me eras útil como informante de los movimientos de tu grupo de amigos). Tal y como Lilibeth y yo esperábamos, respondiste y empezamos a salir contigo pues yo estaba peleada con Conan y tú eras ideal para contarme lo que él y su amigo Ronny (por quién me derretía) hablaban de mí.   Así, el tiempo pasó y Lilibeth empezó a sentirse atraída levemente por ti, mientras que mi amistad con tu amigo Ronny era cada vez más distante.   El verano inició y ya que yo me encontraba sola, Lilibeth y yo encontramos muy divertido apostar que ella se ligaría a un vecino suyo y yo a ti antes que finalizara la temporada de verano. Según ella, era mejor que no me gustaras, porque así podría manejar las cosas fríamente y dejarte una vez “superada la meta”.    Aunque sentía que ganaba terreno, muchas veces estuve a punto de desistir, te veía y sabía que no podía hacerlo: no podía hacerte creer que me gustabas y mucho menos besare cuado no sentía nada por ti, pero tenía que hacerlo, mi orgullo estaba de por medio: debía enamorarte para fastidiar a Conan y por supuesto a mi amor platónico, tu amigo Ronny; una vez que lo supieran, te dejaría.    Poco antes que culminara el verano, un 16 de marzo, logré mi propósito. Luego de esperar por dos horas y media, con toda la rabia del mundo, fuimos a tomar unas cervezas, tras lo cual te pedí que entraras un rato a mi casa. No me quedaba mucho tiempo y ese día, como sea, tenías que caer y como todo hombre, predecible al fin y al cabo, logré inducirte para que me besaras. La verdad, no sentí nada, sólo la satisfacción de haber logrado lo que me propuse. Días después, me llamabas para invitarme a salir, pero yo me porté esquiva, no quería volver a verte después de lo que había pasado.   Lilibeth hizo que volviera a hablarte, no podía evidenciar que todo sólo había sido un juego, así que seguí en contacto contigo hasta que nos volvimos a ver tú, Conan y yo. Habíamos ido a bailar. Nuestra primera pelea sucedió ese día cuando sacaste a bailar a una rubia, en realidad no me molestó, pero debía fingir para continuar con el teatrito. Conan, que me sacaba a bailar y me llevó abrazada a la salida de la disco, no imaginaba que entre tú y yo empezaban a surgir fuegos artificiales.  Así es como lo sentí cuando bailamos y me tomaste de la mano, me quisiste besar y yo deseaba tanto que lo hagas, pero te rechacé pues no era el momento, debía hacerme la difícil y Conan nos observaba fijamente.   Y no era algo que acabara de surgir, quizá siempre estuvo ahí y nunca lo noté. ¿Cuándo empezó? No lo sé, pero recordé que aquella vez que salimos con Lilibeth  al cumpleaños de un amigo nuestro o  quizá la vez que fuimos a la fiesta de año nuevo y yo pretendía ayudar a Lili contigo, desde entonces ya sentía deseos de besarte, aunque conscientemente desechara esas ideas porque me parecía inconcebible.    Ha pasado más de un año de todo esto. Muchas cosas han pasado y aunque peleamos cada semana, sé que no podría alejarme de ti, pase lo que pase, eres el único que me ha despertado pasión, cariño, ternura y amistad a la vez y no sé si eso es amor no quiero analizarlo, después de todo, cada quien tiene su concepto de ello, sólo sé que hoy te necesito a mi lado para estar bien.  Las cosas se me han ido de las manos y ahora ya no puedo hacer nada con esto, inevitablemente, todo fue de menos a más y debo reconocer que a estas alturas, representas una parte muy importante de mi vida (Yo no quería quererte y no lo pude evitar, creí poder defenderme, pero a mi corazón no lo puedes atar). He tardado meses en hacer esto, pero si tuviera que describir brevemente diez cosas que odio y amo de ti,  sólo podría decir que:   

1.Eres mi loser favorito en el mundo, un tipo aburrido que odia salir y podría pasarse el resto de su vida encerrado entre cuatro paredes. Al menos eres trabajador, inteligente y profesional en tu trabajo, para mí, the best engineer of the world; no por nada eres el técnico oficial de mi compu. También eres un perdedor porque eres un pusilánime que en todo este tiempo, nisiquiera ha sido capaz de decirle a Conan lo que hay entre nosotros. Te tiemblan las piernas de sólo pensarlo.

2. Eres la persona más impuntual que he conocido en mi vida, nunca puedes retrasarte menos de 30 ó 40 minutos a nuestras citas, aggggggggg!!

3. Eres terriblemente paciente, pese a todos mis arrebatos, que sé que detestas y me consideras loca por eso, los soportas, pues me conoces bien y sabes exactamente qué hacer para tranquilizarme.

4. Amo tus labios, tus manos, tus ojos y tu cuerpo, ese que te obsesionas en tallar semana a semana en los gimnasios (ah! y tu voz, tu dulce voz de niño, es mi sonido favorito en el mundo).

5. Eres superado, según tus propias palabras, no importa qué te digan: feo, perdedor, ahuevado, nada hace mella en ti (bueno, al menos eso es lo que tú dices).

6. Eres sincero y transparente, aunque sea difícil de creer, no puedes fingir cuando mientes o te enojas y ocultas algo, aunque eso te haga ser también hiriente. Everyday you find new ways to hurt me.

7. Eres un niño grande, tremendamente inmaduro (como todo hombre), pero dulce a la vez. Además quiere a mis gatos y comparte mi amor por los animales (excepto cuando se divierte dándole de comer pellejo de chancho a las gallos).

8. Eres excesivamente inseguro, tanto que me desespera que siempre le des vueltas a las cosas y nunca las dices directamente.

9.Eres un témpano de hielo, demasiado frío, aún más que yo; las dos únicas veces que me has dicho que me dijiste “te quiero” (casi susurrando) fue cuando estuviste a punto de perderme, siempre tienes que esperar hasta entonces para decir lo que sientes.

  10. Eres mi confidente, mi mejor compañero de viajes y el amigo que nunca, pero nunca, quiero, puedo ni deseo perder, pues aunque poco te entiendo, no cambiaría nada en ti.  En pocas palabras, no podría vivir sin decirte cada día “sonjucho kullayqui tucuy sonjuyua”.       





Los amigos que no perdí

18 03 2008

Mil disculpas a aquellos amigos que perdí y no incluí en mi compilación, pero creo que estuvieron los que tenían que estar, aquellos que de alguna manera tuvieron un paso fugaz no sin antes dejar un huella en mi corazón. Aquellos que dejé en el tintero (porque vaya si he perdido amigas en la vida) serán materia de un nuevo recuento en mi futuro (quizá cuando llegue a los terribles thirty five, oh my god!).

   Ahora, es el momento de recordar a los que estuvieron y siguen a mi lado, contra viento y marea, le pese a quien le pese. Sé que más de uno quisiera verme sola como lección de lo que he hecho, pero fíjense que eso no va a poder ser, porque mientras al término de mi vida con siquiera un amigo, ese único amigo habrá justificado todo lo demás. Afortunadamente, no son muchos, pero son, los que me aguantaron tanto y que me conocen como la palma de su mano. Con ustedes, los amigos que no perdí y que quiero y querré de verdad:  

Javi: Cómo no mencionarlo en primer lugar. Pese a mis constantes cambios de amigas en la universidad, a su amistad con Tatiana y a su relación con una golfa (lo cual casi consigue acabar con nosotros pues no me gustaba para él), aquí estamos, más amigos que nunca. Aunque siempre me llame una bitch, es mi mejor amigo y confidente.  

Sandra: Proveniente de la selva de nuestro país y pese a ello fría como ella sola, pero cómo no podría tener su amistad? Junto a ella y Javi, crecimos en la universidad y ahí, dejamos de ser los niñitos tontos que alguna vez fuimos. Con ella tengo que irme con cuidado, nada de impulsividades pues no me lo perdonaría. La bonita del cuartel de las feas. Mi otra hermana por elección además de Javi. 

 Violeta: Mi chimbomba adorada, loca de remate, lástima que viva al otro lado del mundo y sólo la vez una vez cada dos años. Increíble que tras nuestro breve paso por ese institutillo de inglés hayamos forjado una amistad hasta ahora. Simplemente lo máximo. De ella aprendí a ser una deschavetada y a decir las cosas tal como las pienso (al menos casi siempre). Tiene un carácter explosivo, pero nada que le dure mucho tiempo. Imposible no quererla.  

Marylin: Mi amigueta querida, una niña de sólo 20 años, pero que pese a la diferencia de edades, logramos hacer buenas migas cuando ambas llegamos a laborar en el mismo lugar. Loca de remate, sensible y adicta a la música ounk, sé que aunque pase el tiempo, nuestra amistad seguirá, pues es una de las pocas amigas con las que  nunca he tenido una sola riña, quizá por su espíritu alegre y sincero y porque, al igual que yo le gusta es un espíritu libre.

Mary Jane: Aunque es un poco zorra para mi gusto, sus cualidades como amiga nadie las discute. Una morena realmente atractiva que sabe explotar lo que tiene para lograr lo que quiere del sexo opuesto. Aunque hemos tenido diferencias por sus costumbres de beber en la calle y mantener romances en paralelo, una buen amiga que ha sabido disculpar mis exabruptos.  

Con una banda como ellos, puedo necesitar algo más? Yo creo que no.





Conan, el bárbaro

17 03 2008

A diferencia de los demás amigos que perdí, y que lamento haberlos dejado ir, la tuya es una amistad que perdí y no deseo recuperar. No por rencor, pues aunque podrí alegar como razón lo que me hiciste, creo que eso no se compara a lo que yo hice todo este tiempo y tú nunca supiste, por lo que, el beso que me robaste cuando estaba ebria en una discoteca, es una pequeñez que bien puede ser el justo pago a haberte tenido de mi “tonto útil” durante estos años.

No es que no pueda perdonarte por haberme besado, es más bien que no concibo la idea de mantener una amistad como si nada después de que demostraste (fehacientemente) que sientes por mí algo más que amistad.

Sé que eres orgulloso y siempre lo negarás, pero por favor Conan, eso es evidente y todos, absolutamente todos, lo notaron, basta con ver los ojos de cordero degollada que pones y que se traslucen a través de tus gruesos lentes. Si no puedo volver a hablarte por haberme besado, es porque no puedo evitar sentir asco por lo que hiciste. Porque para mí un beso se debe obtener legalmente y ser correspondido. Además me da rabia que después de todo te hayas salido con la tuya y que puedas jactarte de que alguna vez, siquiera alguna vez me besaste.

Si me he alejado de ti por haberme besado, es porque me siento en parte responsable porque en el fondo siempre supe que sentías algo por mí y no te alejé de mí a tiempo y preferí engañarme pensando que tú asumirías que sólo éramos amigos. También fue por facilismo, pues me era muy cómodo decirte a ti siempre que quería salir, ya que siempre estabas disponible para mí cuando quería salir de mi casa para escapar del aburrimiento. Si no te perdono por haberme besado, es porque me parece patético que te engañes a ti mismo y te valgas de que una persona esté inconsciente para besarla mientras duerme, porque en el fondo sabes que en mis cinco sentidos NUNCA, JAMÁS te correspondería, aunque quieras albergar esperanzas valiéndote de cualquier gesto o mirada, sabes que no te quiero y aún así lo hiciste, sabiendo que estoy enamorada de otra persona y peor aún, que esa persona sea tu amigo, sin embargo, eso no te importó para saciar tus ganas reprimidas durante tres años.

En parte, pienso que todo pasa por algo y algo como esto tenía que pasar para que de una vez por todas nos alejáramos el uno del otro y rompiéramos este pacto de conveniencia, que a ninguno le hacía bien: yo por usarte para salir por conveniencia y tú por salir conmigo aferrándote a una inexistente posibilidad de que algún día me diera cuenta que entre tú y yo cabía algo más que amistad. Hace tiempo debí hacerlo, más por ti que por mí, pues al igual que Marita me quisiste demasiado y eso me asustaba, pues me convertí en una parte esencial de tu vida, la que quizá le ponía sal y pimienta a tu monótono vivir. Sé que me quieres sinceramente pero yo, a decir verdad, no siento nada por ti, nunca lo sentí, no me nace y sólo fui tu dizque amiga porque me convenía. Eres tremendamente soberbio y si lees esto, dirás que alucino, pero yo y todos los que te conocieron, saben cuál es la verdad, ¿por qué no eres más hombre y aceptas tu realidad? Que eres sólo un loser, un pobre tipo que sólo es líder dentro de un grupo de perdedores que sólo viven para trabajar pues ni amigas tienen, ya que todas los rechazan por patéticos.

Aunque pretendas ser un hombre analítico, inteligente y con “sentido del humor”, no eres más que un huevón que no tiene vida. Siempre lo supe, desde que te conocí y por eso fuiste el candidato ideal para utilizarte estos años. Crees ser muy astuto y sagaz, sin embargo, no te diste cuenta en tres años que sólo salía contigo para que solventaras los gastos míos y de mis amigas a cambio de ofrecerte compañía y nada más que eso. Así tú te convertías en la envidia de tus amigos de la universidad por salir con chicas y nosotras podíamos salir sin que ello afectara nuestra economía. Suena cruel, pero así fue desde el principio.

Es momento de decir las verdades, por eso te digo las cosas como son. Ahora es tu turno: ¿Por qué no dices lo que sientes y aceptas quién eres y dejas de hacer creer (sin éxito) a todo el mundo que sólo me ves como amiga y no quieres nada conmigo? ¿Por qué no dejas de jugar el papel de hombre de mundo y aceptas que estás solo, que nunca has tenido suerte en el amor, que las contadas mujeres que salieron contigo no lo hacían por tu linda cara, sino sólo para que les pagues la jarra de cerveza? ¿Por qué no aceptar que en el fondo, eres tímido, inseguro y que el único lugar donde podrás ser alguien es ahí, en la cantina de la Universidad Nacional de Ingeniería (sólo para feos) rodeado de tus onanistas amigos desesperados por conocer mujer?

Sí, reconozco que yo también me porté mal, no soy mejor que tú, pero por lo menos acepto lo que soy. Reconócelo, no eres autosuficiente, eres aburrido, no eres el alma de las fiestas y deseas desesperadamente formalizar con alguien como nunca lo hiciste en tus treintaitantos años de vida. Eres una excelente persona, como yo no lo soy, pero si tan sólo aceptarás quién eres y dejaras de actuar un papel que no te queda, te iría mejor.

No quiero ser dura, sí te valoro, sé todo lo que has hecho por mí, estar siempre ahí, venir a la hora que sea a mi casa pese a vivir a una hora de distancia, preocuparte siempre por cómo estoy, tenerme cariño, serme leal, realmente hubiera deseado tenerte cariño, preservar tu amistad y empezar a verte como un verdadero amigo, pero no pudo ser.

Odio que me quieras tanto y que te emocione que te envié un mail o timbre a tu celular, seguro es porque no conoces a nadie y te confundes, crees sentir algo por la persona más próxima que tienes, por eso debo alejarme, algún día me lo agradecerás. Sé que esta separación te cuesta y eso me causa repulsión. Siempre que dejábamos de vernos sólo dos semanas, me increpabas que me desaparecía y que habían pasado “años sin vernos”.

Ahora que ha pasado un mes y una semana sin vernos, como no podía ser de otra manera, estás desesperado y me envías mensajes, tocas la puerta de mi casa y escribes mails en que me pides perdón, lamentas haberme hecho tanto daño (¿?) y no puedes dejar de pensar en lo que pasó y no puedes ni dormir por mi causa…en fin, como dirían los argentinos “tomátelaaa”, no es para tanto, tú siempre tan dramático, creo que lees muchas novelas. Claro que me dieras un beso fue repugnante porque no siento nada por ti, pero daño?? Córtala con eso y olvídate de mí, como yo ya lo hice, aunque te cueste, aprende a hacer tu vida sin mí y sácate esos remordimientos estúpidos de la cabeza, ya que lo que hiciste sólo fue un pretexto para alejarme, sé que sueno soberbia, pero es la verdad.

Cómo te conocí? Uff, fue por medio de nuestro amigo en común, Walter, era mi amigo del Chat y me encontraría con él pero como típico estudiante de la UNI que sólo tiene amigos varones, me pidió que llevara una amiga y él un amigo para sentirse más en confianza. Ese eras tú y ya que tu amigo era tan callado y se comportaba nervioso todo el tiempo, lo dejé de lado y me hice amiga tuya, total, la finalidad era la misma. En esa época te gustaba Sandra, la amiga que llevé esa ocasión, lo cual me tranquilizaba. Luego de un año de salidas con ella, afloró por primera vez tu lado obsesivo y empezaste a invitarla a salir a solas. Aunque ella te decía que no, la llamabas a diario para insistirle, hasta me pediste que intercediera por ti y que tan sólo le pidiera que lea su correo, porque ahí te le declarabas. La asustaste tanto que nunca más quiso verte. Entonces, tras su rechazo, tomé la posta, pero como tú eras tan respetuoso, decidí seguir saliendo contigo pues estaba segura de que nunca te propasarías. Así, seguimos saliendo con Lilibeth o Dulce o solos los dos al cine, a bailar, a comer, a conciertos, etc.

Siempre fuiste el compañero ideal para nosotras, eras tranquilo y claro, pagabas todo sin chistar, después de todo, ganabas más que nosotras y tú lo hacías gustoso, porque lo quieras o no, llenábamos tu solitaria vida y mejoramos tus casi inexistentes relaciones con el sexo opuesto. Nuestra seudoamistad pasó por varios altibajos ya que varias veces me alejé de ti cuando diste señales de enamoramiento hacia mí y tú también te enojaste conmigo por niñerías como dejar solos a ti y Lilibeth en San Jerónimo, así que después de todo, estábamos a mano. Tus muestras de afecto eran cada vez más evidentes desde que te enteraste de mi idilio con Pablo, un amigo tuyo que me presentaste. Como quien dice, “nadie sabe para quién trabaja”, pero lo que debes entender es que aunque nunca lo hubiera conocido nunca me iba a fijar en ti simplemente porque no me nacía.

Aunque nunca lo aceptes, debe darte mucho coraje que en un año, Pablito haya logrado lo que tú no pudiste ni Sandra ni conmigo en más de tres años, pero así es la vida y las cosas se dieron de esa manera. Era evidente tu gesto de incomodidad cuando él me llamaba y me aconsejabas que me aleje de él, incluso en mi cumpleaños te paraste a observarnos mientras bailábamos, seguro para cuidar que no nos besáramos, y luego nos interrumpiste para sacarme a bailar. Ahora pretendo cambiar, por mí y por la gente que quiero, ya no quiero ser una chica mala, por ello debo alejarme de ti y tú me diste la excusa perfecta: todo sucedió el 9 de febrero de este año, cuando fuiste a la discoteca donde yo había ido con un amigo que quería conmigo.

Claro, fuiste a cuidar que no pasara nada con él y me sacaste de ahí cuando ya estaba ebria por tanto tequila y en lugar de acompañarme a mi casa, me llevaste a otra disco para que siga tomando. En consecuencia, por supuesto, salí casi a gatas de ahí y me quedé dormida en las escaleras. Era tu oportunidad: yo dormía y no me daría cuenta de nada. Entonces dijiste las palabras mágicas: “Te voy a besar los labios para que te despiertes” y lo hiciste. Al día siguiente, recordé todo y mi única respuesta a eso es: “GUACALAAAAAAAAAAA”. Me molesta en mi orgullo que ye hayas cobrado lo gastado en estos años, pero si de algo te sirve eso, que te aproveche, porque un beso mío, verdaderamente mío, nunca lo tendrás y tampoco me volverás a ver (espero), no por odio, sino porque, créeme, es lo mejor.

Eres una buena persona y estoy segura que algún día encontrarás una mujer que derrape por ti. Para mí, ha llegado la hora de decirte adiós. Ojalá te canses de pedirme perdón y me dejes como un capítulo cerrado, después de todo, no soy tan buena como tú crees (aunque estoy en proceso de regeneración). Ya te llegará el amor, siempre hay un roto para un descosido. Sé que te irá bien, sé feliz, pero por favor, no te cruces conmigo en la calle, porque te meteré un puñete por cabrón.






Marita Madariaga

17 03 2008

Hace años que no sé nada de ti y se me hace difícil escribirte; es que hace poco vi tus fotos en MySpace y ver que has llegado tan lejos como profesional y siempre rodeada de santísimas personas que te quieren, me hizo sentir nostalgia por no haberte valorado. Qué triste es decirlo, pero tú siempre me quisiste más de lo que yo a ti. Yo era una de tus mejores amigas, pero aunque me esforzaba, no me nacía quererte como te lo merecías.

No hubiera querido romper nuestra amistad así pero llegaste a sofocarme tanto que sólo tenía dos opciones: fingir o pedirte un descanso. Lamento que te hayas llevado el peor de los recuerdos de mí, créeme que intenté corresponder a tu amistad, no fui hipócrita, te lo juro, pero la diplomacia nunca fue mi fuerte y terminaste por notar mi indiferencia y te herí, te herí mucho y es por eso que utilizo estas líneas para pedirte que olvides, que me entiendas y me perdones. Como siempre, yo y mis babosadas, lastimaron a alguien, en este caso a ti: un correo inocente (según yo) en que te dije que no me insistieras tanto para salir, quw yo te avisaría, que parecías lesbiana (en broma) hicieron que te enojes conmigo.

Luego otro correo escrito a la volada y sin pensarlo mucho (en que no quise ser hiriente, sino sólo un poco dura para que reaccionaras) realmente te molestó y me mandaste al diablo, no sin antes decirme varias veces que había sido una hipócrita. Tú piensas que siempre fingí y no es así. Agradezco de todo corazón la confianza que depositaste en mí para contarme cosas tan tuyas y te entiendo, porque supongo que yo fui para ti como Carlo para mí. Te conocí en nuestras prácticas pre profesionales. Veníamos de diferentes universidades, no nos conocíamos, pero teníamos tanto en común.

Trabajamos un tiempo en el mismo lugar y nunca cruzamos palabra, hasta que dos meses después, nos volvimos a encontrar en una notaría. Éramos varios estudiantes los que ahí trabajábamos e hicimos tan buen grupo que inevitablemente nos hicimos amigas. Al cabo de un tiempo yo me retiré con una nota tuya (que aún conservo) y decía con lápiz: “Te extrañaré amiga”.

Valoraba tu amistad, aunque no te conocía tanto, me parecías tremendamente inteligente y alguien con quien se podía conversar de todo: política, drogas, religión, hombres…en fin. Es por ello que yo, una chica que siempre había sido muy solitaria y que, de pronto, empecé a rodearme de gente valiosa como tú, decidí no perder tu amistad y como era mi costumbre con todas las amistades cultivadas (en mi academia, el instituto de inglés, el colegio, etc.) te llamaba de vez en cuando para saber cómo estabas, sólo de vez en cuando, porque cada vez que te llamaba, hablábamos de 40 minutos a más, en realidad, hablabas tú, porque yo, una joven callada y reservada, tenía la virtud de escuchar a todo aquel que deseara ser escuchado y tú tenías tanto que decir, nada relevante quizá, pero sí importante para ti: todos tus temores, tus dudas, decepciones y esperanzas, aquellas que no le contabas a cualquiera, pero yo me había ganado tu confianza.

A ti te encantaba hablar, hablar y hablar y a mí oírte pues aprendía de ti; además tenías una vida llena de sorpresas y sobresaltos, como de novela, nada que ver con mi vivir sosegado y aburrido. Al principio, te consideraba una intelectual algo seria y sin experiencia en el amor, pero todo lo contrario: habías conocido suficiente del amor, eras una niña grande a la que le daban ataques de risa de la nada, pero centrada a la vez.

Así me contaste del breve romance que sostuviste con el reportero de una prestigiosa radio, el cual era mucho mayor que tú, luego vino la segunda oportunidad con tu primer amor, aquel al que conociste un 14 de febrero en la playa y que se convirtió en el primer chico que robó tu corazón cuando tenías 15 años. Ahora habían retomado su relación, tú sufrías pensando que él se fuera a vivir con su hermano a Portugal, por lo que decidiste alejarlo de tu lado, pese a ser el más romántico y detallista del mundo. Tal vez su destino no era estar juntos, tú Virgo, él Virgo, mala combinación y las probabilidades de funcionar eran pocas. Hasta ahí todo muy bien, no era mi problema, hasta que me dijiste su nombre: Andrés Manuel Bobadilla Lozano. Ese nombre se me hacía tan familiar…claro! Pero qué pequeño es el mundo! Él fue un compañero de colegio con el que yo…bueno, mejor ni mencionarlo, tú estabas enamorada de él y qué caso tenía contarte esa pequeña anécdota del pasado, qué importaba ya que él y yo hubiéramos tenido un affaire a los 12 años jugando botella borracha. Al fin y al cabo en esa época ni lo conocías, pero igual no creí prudente que te enterases de eso así que callé. Espero que nunca te hayas enterado de eso, pensarías una vez más que fui una hipócrita por ocultártelo, seguro pensarías que lo hice por envidia y por deslealtad, más aún si supieras que a raíz de que nos enteramos que teníamos un nexo en común que eras tú, nos reencontramos y…pues recordamos viejos tiempos; lo siento Marita, nunca me ha gustado involucrarme con los ex de mis amigas pero no sé qué me pasó, simplemente nos vimos para charlar y tomar un café y las chispas saltaron de inmediato, pero no fue nada trascendental.

Sólo deseo que él nunca te lo haya comentado, pues sé que aún son amigos, enterarte sólo avivaría tu rencor hacia mí. Pero no fue Andrés Manuel quien nos separó, sino yo. Lo de ustedes terminó, luego te enamoraste de un joven fotógrafo menor que tú y posteriormente de un compañero de la universidad. Mientras, yo seguía ahí, escuchándote, solterona, sin nada que contar, pensando en un amor imposible, pero al menos era buena como paño de lágrimas, aunque a decir verdad, interpretar ese papel terminó por hartarme.

Eras buena conmigo y me querías, siempre decías que me iría bien en la vida y me elogiabas como profesional, incluso me llevaste a tu casa, te esmeraste en atenderme, me presentaste a tu mamá (quien dijo que no parabas de hablarle de mí), eras mi hincha, qué duda cabe, pero tu amistad, empezó a agobiarme. Me querías y trataba de corresponderte, porque era lo mínimo que merecías, pero empezaste a llamarme todos los días 3 ò 4 veces, querías ir a todas partes conmigo, no podíamos dejar de vernos una semana y los domingos no podía ni almorzar ni ver televisión tranquila sin recibir tus llamadas en que querías contarme de tu día, claro 3 ò 4 horas, para luego cortar un rato y luego volver a llamarme por 2 horas más.

Fue too much para mí, es decir yo también tenía una vida y deseaba hacer algo más que escucharte todo el tiempo y como yo no soy buena para fingir cuando algo me irrita, empezaste a notar mi incomodidad y me preguntabas qué pasaba; yo por supuesto decía que nada, hasta que te mandé ese correo y te enojaste y yo, pa’ acabarla de amolar, te mandé otro en que te dije que trataras de entender que tus amigos teníamos una vida y no nos la podíamos vivir oyéndote, que fueras fuerte y aprendieras a superar tus problemas por ti sola. ¿Para qué lo hice? Me mandaste al infierno y dijiste que no querías volver a saber de mí, pues creíste que había estado fingiendo todo este tiempo y no sé cuántas cosas más que la verdad no leí, pues era todo un testamento seguramente lleno de ofensas. Marita, ¿cómo decirte que lo siento? No sabes cómo me jode herir a gente que me quiere verdaderamente, aunque sea sin intención, pues creo que no te lo merecías.

Me alegra saber lo bien que te va en tu carrera de diplomática, ya lo ves, tú siempre me alababas como profesional, pero es a ti a quien te fue mucho mejor que a mí, que no soy más que la asalariada de una empresa del montón. Si algún día lees esto, espero que no me guardes rencor y me odies un poquito menos, sé que te dolió lo que dije y que lo sentiste como una traición, sé que debí ser más paciente, pero el hubiera no existe, la verdad es que no fui tu amiga y lo lamento, así que después de todo, hiciste bien en alejarte de mí.






Carlo Drigani

6 03 2008

 

Carlo Drigani. Durante años, soñé con ese nombre. Pensar que alguna vez ese nombre significó todo para mí, pero hoy, ya no es nada. Fuiste mi amigo más querido, “mi persona favorita en el mundo”, mi confidente, mi consejero, mi lazarillo, y hoy, no eres nada. A diferencia de los demás, no fui yo la que erré, la que herí, ¿si te quería tanto, por qué me apartaste así de tu vida?

 

El 29 de mayo de hace ya varios años, la pequeña Luana escribía en su diario: “Hoy fue cumple de Brenda y la llamé. Me dio el número de un pata del chat y yo lo llamé, chévere es para qué.” Quién iba a pensar que al cabo de un año y un poco más se convertiría en más que mi amigo, mi Otra Parte.

 

Siempre pensé que la vida no nos había puesto en el camino del otro por casualidad, si no que estaba en nuestro destino.

 

La primera vez que te llamé fue producto de la casualidad. Yo llamé a Brenda para saludarla por su cumpleaños y ella me pidió que telefoneara (de su parte) a su amigo del Chat. Me dio a escoger de una larga lista y yo te escogí a ti. Me pidió que la disculpara por no haberte llamado y que luego le dé mi opinión sobre ti, ahí terminaba mi función. Sin embargo, al escuchar tu voz, engarzamos de inmediato y conversamos alrededor de una hora. Me caíste tan, pero tan bien, que no tuve valor para decirte que yo no era Brenda, si no tan sólo su amiga.

 

Me hiciste prometerte que te llamaría al día siguiente (a la misma hora y por el mismo canal); desde entonces ya no pude separarme de ti, pero como siempre la malicia pasa, se involucró, la verdadera Brenda te llamó y quedaron en citarse. Yo no tuve más remedio que, temerosa, decirte la verdad, a lo que tú me respondiste: “Luana?…se me hará difícil llamarte así, pero no me importa quien seas tú, a quien conozco es a ti y si tú no eres Brenda…pues entonces no me interesa conocer a Brenda”. Pese a ello, se encontraron y eso dio pie a nuestro primer distanciamiento, pues ella me aseguró que tú le habías dado a entender que yo cacheteaba las banquetas por ti. Me dio mucho coraje enterarme de eso, pero después de dos semanas, te llamé  para pedirte una explicación, me explicaste que todo era un malentendido y asunto arreglado. Así, seguimos en contacto (aunque esporádicamente) durante un año en el que nunca nos vimos la cara.

 

Transcurrido ese tiempo, tu actitud hacia mí cambió y además de llamarme por teléfono (cosa que nunca habías hecho), me dijiste, casi me ordenaste, que fuera a tu casa saliendo de mis clases. Yo, que sin saberlo, ya estaba cautivada por ti, no pude negarme y muerta de los nervios, fui por vez primera a visitar a un hombre al que ni siquiera conocía.

 

Aunque físicamente no me causaste mayor impresión, yo estaba presa en tus redes y no había nada que hacer. Nuestra cita, lejos de serlo, fue un encuentro de amigos, ya que sólo te acompañé a comprar unos CDs al centro de la ciudad y au revoir, un beso en la mejilla, aquí no pasó nada. Ahí es que empezó nuestra amistad en serio, tú me llamabas a diario a eso de las 11 de la noche, yo te llamaba de la universidad para contarte cómo me había ido y así, te volviste imprescindible para mí.

 

Pensar que estaba naciendo algo más que una amistad? No way, me aterraba la idea pues no deseaba estropear esto que teníamos, pero si esto no era amor… ¿entonces qué le digo a mi corazón? Te necesitaba para contarte lo que me pasaba y esperaba a que llegara la noche para pedir tu consejo. Era muy insegura para creer que tú podías fijarte en una feíta como yo, pero así fue, es sólo que nunca lo supe ver. De esta manera, transcurrió un año más en que tú no te atreviste a decirme nada y yo seguía negando este sentimiento. Fue un año de oportunidades perdidas y de cosas que quisimos decirnos y nunca nos dijimos.

 

Tu cumpleaños, un 16 de enero, fue un hecho trascendental para mí, ideé durante días darte una sorpresa, algo muy mío; ese día, lejos de llamarte, te envié una carta por el servicio postal (a la antigüita), una misiva llena de pica pica felicitándote por tus veinte años y dos días después iría a tu casa a dejarte tu regalo: un libro de Coelho, Brida, que mira tú lo que son las coincidencias, habla de la Otra Parte que todos tenemos en alguna parte del mundo. Después cuando te llamé, me agradeciste por los obsequios, pero insististe en que el mejor regalo hubiera sido este pechito (o sea yo) Guau! Te deschavaste, pero esa sólo fue una de tus pequeñas señales, esas que no quise comprender.

 

Esta inolvidable amistad siguió su curso hasta unos meses después, en que me fallaste a una reunión que te invité y yo te reclamé que no te importaba nada. Te dejé de hablar y tú me dejaste de hablar, me dolió tanto no saber de ti que me di cuenta que sentía algo más que una amistad por ti…”Y si tú notas que he cambiado, ahora no es casualidad, no soy la misma, me cuesta confesar que hace tiempo que ya no te veo igual, me empiezo a enamorar”.

 

Entonces yo sólo tenía 18 años, era una niña y no sabía “how to deal with it”. Hasta que llegó mi cumpleaños, un 24 de agosto, y Tatiana fungió de nuestro Cupido al llamarte pidiéndote que me llames, alegando que yo te quería mucho, a lo que le dijiste que “el sentimiento era mutuo”, sólo que no te habías atrevido a decirlo, pero llegaste a mi casa, compartiste con mis amigos, bailamos una balada a oscuras, donde me prometiste visitarme otro día para decirme algo y…y … pues nada, nunca llegó ese día porque la marsupial de Lu volvió a echar por la borda algo tan bello que pudo haber sido, pero no fue.

 

Luego de conocerte, Tatiana y Javier me dijeron que no hacíamos buena pareja, que eras muy seco y tonto, que no hacíamos buena pareja y que mejor buscara a mi ex, el romántico y detallista Rafael. Para mí, era muy importante que ellos te conocieran y te dieran el visto bueno y ya que no habías superado la prueba, me alejé de ti y cimenté mis ilusiones en Rafael. ¡Qué estúpida fui! Rafael, el tierno y dulce Rafael, resultó ser una bazofia humana. Retomamos nuestra relación, pero no por mucho tiempo, pues luego de anunciar que vendría a mi casa (con la condición de que cocinara tal plato y pusiera en la tele su programa de tv favorito), me confesó con la clara intención de herirme, que todo ese tiempo, había tenido una novia, la oficial y que hacía sólo unos días, le había dado una hija. Mi mundo se vino abajo, pues creía ciegamente en él y tras unos meses de superar la decepción, volví a ti, necesitaba de vuelta a mi amigo fiel, pero éste, ya no estaba más: se murió el día que decidí cambiarlo por Rafael. A cambio, encontré un tipo frío, indiferente, que me echaba en cara mi amor absoluto por mi ex novio. Alguna vez me dijiste que tú no eras hombre de tropezar dos veces con la misma piedra, eras tan cerebral que sólo dabas una oportunidad una vez y que si no te respondían como querías, nunca más, pasara lo que pasara.

 

Todo volvió a foja cero, igual o peor que antes. De nada sirvió seguir llamándote, pedirte favores o hasta inventar que me iba del país, nada te conmovió, y sin embargo yo seguí ahí, en el lugar de siempre, buscando al menos las sobras de tu amistad y pidiéndote consejos de cuando en cuando durante tres años más en los que no hacías otra cosa que alejarte de mí, mientras yo te amaba en silencio y lamentaba el día que había dejado pasar a alguien como tú.

 

Los conciertos no me dan suerte creo yo y el recital de Daddy Yankee, un 10 de junio del 2006, significó el final de esta amistad “unidireccional”. Te llamé para preguntarte si podía ir a tu casa a visitarte pues el estadio quedaba muy cerca de donde vivías. Te pusiste nervioso y te negaste bajo el pretexto de que debías ver a tu enamorada, sí, ahora sí me habías olvidado del todo y mencionabas en todo momento a tu nuevo amor, una chica parecida a mí físicamente (es la verdad) llamada Ivette.

 

Aún así, fui a tu casa en compañía de Conan para pedirte que me guardaras mi grabadora, ya que no podía entrar al concierto con ella. Dos días después, fui a buscarte para recoger dicho aparatejo; tú te encontrabas en casa, pero enviaste a tu mamá para que me la entregara. Se ve que querías evitarme, era evidente, y entonces comprendí que yo ya estaba fuera de tu vida y ya no me querías en ella, no por rencor sino simplemente por falta de afecto…me sentí tan patética, pero decidí no molestarte más, sentía un gran cariño a ti y sólo deseaba que fueras feliz y si yo te incomodaba de alguna forma y me haría a un lado. Saber que al alejarme de ti te quedarías más tranquilo junto a tu novia, fue un aliciente que me hizo sentir menos mal e hizo que el proceso de olvidarte fuera más rápido y sencillo de lo que creí.

 

“Un olor a tabaco y chanel me recuerda el olor de su piel…”, cada vez que escucho esa canción me acuerdo de ti, pues fue la única vez que coincidimos en nuestros gustos musicales, mi querido fan de Jimmy Hendrix y Janice Joplin. Ya no me gustas, ya no pienso que eres mi alma gemela, ya no te quiero (pues el cariño necesita ser alimentado para subsistir), pero quiero que sepas que guardo el mejor de los recuerdos de ti y donde quiera que estés, deseo de todo corazón que seas muy feliz, pues te lo mereces.

 

“Cuando el cielo se cerró y la confusión llovió, no hubo luz en la ciudad, no hubo nadie en tu lugar…”