A diferencia de los demás amigos que perdí, y que lamento haberlos dejado ir, la tuya es una amistad que perdí y no deseo recuperar. No por rencor, pues aunque podrí alegar como razón lo que me hiciste, creo que eso no se compara a lo que yo hice todo este tiempo y tú nunca supiste, por lo que, el beso que me robaste cuando estaba ebria en una discoteca, es una pequeñez que bien puede ser el justo pago a haberte tenido de mi “tonto útil” durante estos años.
No es que no pueda perdonarte por haberme besado, es más bien que no concibo la idea de mantener una amistad como si nada después de que demostraste (fehacientemente) que sientes por mí algo más que amistad.
Sé que eres orgulloso y siempre lo negarás, pero por favor Conan, eso es evidente y todos, absolutamente todos, lo notaron, basta con ver los ojos de cordero degollada que pones y que se traslucen a través de tus gruesos lentes. Si no puedo volver a hablarte por haberme besado, es porque no puedo evitar sentir asco por lo que hiciste. Porque para mí un beso se debe obtener legalmente y ser correspondido. Además me da rabia que después de todo te hayas salido con la tuya y que puedas jactarte de que alguna vez, siquiera alguna vez me besaste.
Si me he alejado de ti por haberme besado, es porque me siento en parte responsable porque en el fondo siempre supe que sentías algo por mí y no te alejé de mí a tiempo y preferí engañarme pensando que tú asumirías que sólo éramos amigos. También fue por facilismo, pues me era muy cómodo decirte a ti siempre que quería salir, ya que siempre estabas disponible para mí cuando quería salir de mi casa para escapar del aburrimiento. Si no te perdono por haberme besado, es porque me parece patético que te engañes a ti mismo y te valgas de que una persona esté inconsciente para besarla mientras duerme, porque en el fondo sabes que en mis cinco sentidos NUNCA, JAMÁS te correspondería, aunque quieras albergar esperanzas valiéndote de cualquier gesto o mirada, sabes que no te quiero y aún así lo hiciste, sabiendo que estoy enamorada de otra persona y peor aún, que esa persona sea tu amigo, sin embargo, eso no te importó para saciar tus ganas reprimidas durante tres años.
En parte, pienso que todo pasa por algo y algo como esto tenía que pasar para que de una vez por todas nos alejáramos el uno del otro y rompiéramos este pacto de conveniencia, que a ninguno le hacía bien: yo por usarte para salir por conveniencia y tú por salir conmigo aferrándote a una inexistente posibilidad de que algún día me diera cuenta que entre tú y yo cabía algo más que amistad. Hace tiempo debí hacerlo, más por ti que por mí, pues al igual que Marita me quisiste demasiado y eso me asustaba, pues me convertí en una parte esencial de tu vida, la que quizá le ponía sal y pimienta a tu monótono vivir. Sé que me quieres sinceramente pero yo, a decir verdad, no siento nada por ti, nunca lo sentí, no me nace y sólo fui tu dizque amiga porque me convenía. Eres tremendamente soberbio y si lees esto, dirás que alucino, pero yo y todos los que te conocieron, saben cuál es la verdad, ¿por qué no eres más hombre y aceptas tu realidad? Que eres sólo un loser, un pobre tipo que sólo es líder dentro de un grupo de perdedores que sólo viven para trabajar pues ni amigas tienen, ya que todas los rechazan por patéticos.
Aunque pretendas ser un hombre analítico, inteligente y con “sentido del humor”, no eres más que un huevón que no tiene vida. Siempre lo supe, desde que te conocí y por eso fuiste el candidato ideal para utilizarte estos años. Crees ser muy astuto y sagaz, sin embargo, no te diste cuenta en tres años que sólo salía contigo para que solventaras los gastos míos y de mis amigas a cambio de ofrecerte compañía y nada más que eso. Así tú te convertías en la envidia de tus amigos de la universidad por salir con chicas y nosotras podíamos salir sin que ello afectara nuestra economía. Suena cruel, pero así fue desde el principio.
Es momento de decir las verdades, por eso te digo las cosas como son. Ahora es tu turno: ¿Por qué no dices lo que sientes y aceptas quién eres y dejas de hacer creer (sin éxito) a todo el mundo que sólo me ves como amiga y no quieres nada conmigo? ¿Por qué no dejas de jugar el papel de hombre de mundo y aceptas que estás solo, que nunca has tenido suerte en el amor, que las contadas mujeres que salieron contigo no lo hacían por tu linda cara, sino sólo para que les pagues la jarra de cerveza? ¿Por qué no aceptar que en el fondo, eres tímido, inseguro y que el único lugar donde podrás ser alguien es ahí, en la cantina de la Universidad Nacional de Ingeniería (sólo para feos) rodeado de tus onanistas amigos desesperados por conocer mujer?
Sí, reconozco que yo también me porté mal, no soy mejor que tú, pero por lo menos acepto lo que soy. Reconócelo, no eres autosuficiente, eres aburrido, no eres el alma de las fiestas y deseas desesperadamente formalizar con alguien como nunca lo hiciste en tus treintaitantos años de vida. Eres una excelente persona, como yo no lo soy, pero si tan sólo aceptarás quién eres y dejaras de actuar un papel que no te queda, te iría mejor.
No quiero ser dura, sí te valoro, sé todo lo que has hecho por mí, estar siempre ahí, venir a la hora que sea a mi casa pese a vivir a una hora de distancia, preocuparte siempre por cómo estoy, tenerme cariño, serme leal, realmente hubiera deseado tenerte cariño, preservar tu amistad y empezar a verte como un verdadero amigo, pero no pudo ser.
Odio que me quieras tanto y que te emocione que te envié un mail o timbre a tu celular, seguro es porque no conoces a nadie y te confundes, crees sentir algo por la persona más próxima que tienes, por eso debo alejarme, algún día me lo agradecerás. Sé que esta separación te cuesta y eso me causa repulsión. Siempre que dejábamos de vernos sólo dos semanas, me increpabas que me desaparecía y que habían pasado “años sin vernos”.
Ahora que ha pasado un mes y una semana sin vernos, como no podía ser de otra manera, estás desesperado y me envías mensajes, tocas la puerta de mi casa y escribes mails en que me pides perdón, lamentas haberme hecho tanto daño (¿?) y no puedes dejar de pensar en lo que pasó y no puedes ni dormir por mi causa…en fin, como dirían los argentinos “tomátelaaa”, no es para tanto, tú siempre tan dramático, creo que lees muchas novelas. Claro que me dieras un beso fue repugnante porque no siento nada por ti, pero daño?? Córtala con eso y olvídate de mí, como yo ya lo hice, aunque te cueste, aprende a hacer tu vida sin mí y sácate esos remordimientos estúpidos de la cabeza, ya que lo que hiciste sólo fue un pretexto para alejarme, sé que sueno soberbia, pero es la verdad.
Cómo te conocí? Uff, fue por medio de nuestro amigo en común, Walter, era mi amigo del Chat y me encontraría con él pero como típico estudiante de la UNI que sólo tiene amigos varones, me pidió que llevara una amiga y él un amigo para sentirse más en confianza. Ese eras tú y ya que tu amigo era tan callado y se comportaba nervioso todo el tiempo, lo dejé de lado y me hice amiga tuya, total, la finalidad era la misma. En esa época te gustaba Sandra, la amiga que llevé esa ocasión, lo cual me tranquilizaba. Luego de un año de salidas con ella, afloró por primera vez tu lado obsesivo y empezaste a invitarla a salir a solas. Aunque ella te decía que no, la llamabas a diario para insistirle, hasta me pediste que intercediera por ti y que tan sólo le pidiera que lea su correo, porque ahí te le declarabas. La asustaste tanto que nunca más quiso verte. Entonces, tras su rechazo, tomé la posta, pero como tú eras tan respetuoso, decidí seguir saliendo contigo pues estaba segura de que nunca te propasarías. Así, seguimos saliendo con Lilibeth o Dulce o solos los dos al cine, a bailar, a comer, a conciertos, etc.
Siempre fuiste el compañero ideal para nosotras, eras tranquilo y claro, pagabas todo sin chistar, después de todo, ganabas más que nosotras y tú lo hacías gustoso, porque lo quieras o no, llenábamos tu solitaria vida y mejoramos tus casi inexistentes relaciones con el sexo opuesto. Nuestra seudoamistad pasó por varios altibajos ya que varias veces me alejé de ti cuando diste señales de enamoramiento hacia mí y tú también te enojaste conmigo por niñerías como dejar solos a ti y Lilibeth en San Jerónimo, así que después de todo, estábamos a mano. Tus muestras de afecto eran cada vez más evidentes desde que te enteraste de mi idilio con Pablo, un amigo tuyo que me presentaste. Como quien dice, “nadie sabe para quién trabaja”, pero lo que debes entender es que aunque nunca lo hubiera conocido nunca me iba a fijar en ti simplemente porque no me nacía.
Aunque nunca lo aceptes, debe darte mucho coraje que en un año, Pablito haya logrado lo que tú no pudiste ni Sandra ni conmigo en más de tres años, pero así es la vida y las cosas se dieron de esa manera. Era evidente tu gesto de incomodidad cuando él me llamaba y me aconsejabas que me aleje de él, incluso en mi cumpleaños te paraste a observarnos mientras bailábamos, seguro para cuidar que no nos besáramos, y luego nos interrumpiste para sacarme a bailar. Ahora pretendo cambiar, por mí y por la gente que quiero, ya no quiero ser una chica mala, por ello debo alejarme de ti y tú me diste la excusa perfecta: todo sucedió el 9 de febrero de este año, cuando fuiste a la discoteca donde yo había ido con un amigo que quería conmigo.
Claro, fuiste a cuidar que no pasara nada con él y me sacaste de ahí cuando ya estaba ebria por tanto tequila y en lugar de acompañarme a mi casa, me llevaste a otra disco para que siga tomando. En consecuencia, por supuesto, salí casi a gatas de ahí y me quedé dormida en las escaleras. Era tu oportunidad: yo dormía y no me daría cuenta de nada. Entonces dijiste las palabras mágicas: “Te voy a besar los labios para que te despiertes” y lo hiciste. Al día siguiente, recordé todo y mi única respuesta a eso es: “GUACALAAAAAAAAAAA”. Me molesta en mi orgullo que ye hayas cobrado lo gastado en estos años, pero si de algo te sirve eso, que te aproveche, porque un beso mío, verdaderamente mío, nunca lo tendrás y tampoco me volverás a ver (espero), no por odio, sino porque, créeme, es lo mejor.
Eres una buena persona y estoy segura que algún día encontrarás una mujer que derrape por ti. Para mí, ha llegado la hora de decirte adiós. Ojalá te canses de pedirme perdón y me dejes como un capítulo cerrado, después de todo, no soy tan buena como tú crees (aunque estoy en proceso de regeneración). Ya te llegará el amor, siempre hay un roto para un descosido. Sé que te irá bien, sé feliz, pero por favor, no te cruces conmigo en la calle, porque te meteré un puñete por cabrón.