MEMORIAS

Mayo 3, 2008 at 5:43 pm (General, carta, despedida, muerte, relaciones)

Me estoy muriendo, no por ver a alguien, no por comerme un platillo delicioso ni por descansar en una playa paradisíaca…me estoy muriendo por vivir. Ayer me lo confirmó el médico: leucemia linfática en fase Terminal, cinco o seis meses a lo sumo, no hay nada que hacer. Heredé la enfermedad de mi madre, quien murió cuando yo tenía seis años.


Entonces me asaltaron las típicas preguntas existenciales: ¿Por qué a mí? ¿Qué cosa tan mala hice para merecer esto? ¿Cómo puede ser que esté condenada a muerte con tan sólo 27 años? En fin, toda esa clase de preguntas que terminaron convirtiéndose en resignación con mi destino.


Al menos sé que he vivido: he reído, he llorado, he amado y por qué no decirlo? También he odiado. Aunque no llegue a cumplir todas las metas que me propuse aún siendo una niña, me queda la satisfacción de haber logrado por lo menos el 50% de ellas y que me voy en mi mejor momento, siendo inmensamente feliz.


Es verdad que no me convertí en madre, ni tampoco en la mejor profesionista ni viajé por todo el mundo ni soy del todo famosa, pero sí, a mi manera, soy feliz, soy feliz, simplemente porque amo y soy amada.


Los amigos que perdí jamás los recuperé, es cierto, y tampoco pienso hacer nada por recuperarlos, aún sigo pensando que amigos verdaderos son sólo aquellos que perduran para toda la vida y saben superar las discusiones y malentendidos.

Lo último que supe de ellos fue que Conan abrió su propio negocio, una pequeña tienda de electrodomésticos y se casó con Mely, una amiga que casualmente yo le presenté, la cual a su vez (según me contaron) sostiene un acalorado romance con su personal trainer; Lilibeth, por su parte, da clases de reforzamiento a escolares en su propia casa, aquella donde vive en unión libre desde hace cuatro años con Víctor Hugo, su primer amor, y esperan mellizos para la próxima primavera.

A Javi, mi buen amigo, no lo veo desde hace meses, es que para tan atareado entre sus dos trabajos en la municipalidad y como dealer de un casino por las noches que ya no tiene tiempo para más y es que mantener a cinco hijos (de los cuales uno es mi ahijado por cierto) y a su dulce esposa es todo un reto en estos días, más aún si se es periodista, profesor o músico.


Yo por mi parte seguí laborando para la misma pinche agencia de noticias, aquel trabajo que amo y que odio y por el que me pagan una miseria. Además me dedico a escribir en mis tiempos libres. Soy la autora de los best sellers “Cómo dejar de ser un loser y no morir en el intento” y “Sé un loser y no sufras”. (Bueno, algún provecho tenía que sacar después de haber tenido contacto con estos especímenes durante años).


Y ya que menciono el tema, hablemos de Pablito, aquel hombre que pese a todo y todos, me hizo perder la cabeza años atrás y del que he preferido no saber nada: aunque ya no lo quiera, aún me duele, pues lo nuestro no fracasó por falta de afecto sino por su cobardía para aceptar sus sentimientos frente a mí, frente a sus amigos, frente al mundo en general; su falta de resolución para darme mi lugar y demostrarme lo que sentía me obligó finalmente a tirar la toalla y a dejar esta pasión (Al fin y al cabo no fue más que eso) de lado. Al menos logré que me comprara algunas cosillas (je, je, no puedo con mi genio, en el fondo moriré siendo una bataclana, se me salen las plumas y lentejuelas).


Pero Dios sabe por qué hace las cosas y así como hoy decidió alejarme de este mundo, también me concedió la dicha de reencontrarme con el amor verdadero. Luego de terminar mi relación con Pablito, yo quedé muy afectada y no deseaba volver a enamorarme, hasta un año y ocho meses después, que me reencontré con Carlo Drigani, mi alma gemela. Fue un encuentro casual una tarde otoño saliendo de mi trabajo. Nos topamos en la calle y el sentimiento resurgió de inmediato (o quizá nunca dejó de estar ahí). Intercambiamos teléfonos y desde entonces no nos volvimos a separar. Ya no éramos los mismos inmaduros que dejamos pasar nuestra oportunidad diez años atrás, ahora éramos un hombre y una mujer con experiencias dulces y amargas a cuestas, pero comprendimos que tuvimos que pasar por todo eso para encontrarnos de nuevo, más “cuajados” y seguros de lo que queríamos en la vida, esa vida que lo había golpeado más a él que a mí: Carlo trabajaba como cajero en un banco y convivía con Ivette, su novia, incluso procrearon a una hermosa niña llamada Lorena, pero Ivette, aturdida por su nueva responsabilidad, los abandonó cuando la nena apenas tenía cinco meses. Desde entonces, había vivido tratando de adaptarse a su nuevo status de papá soltero. Es entonces cuando llegué a su vida y juntos sacamos adelante nuestra nueva familia, pues mi pequeña “Lorraine” es también la niña de mis ojos. Lástima que la felicidad al lado de los dos amores de mi vida durara sólo un año.


Es por eso que lamento tener que irme, justo ahora que por primera vez empezaba a hacer lo que me gusta y mi vida empezaba a cobrar sentido, pero…tengo otra opción? Por supuesto que no. Por otro lado, soy una cobarde y prefiero marcharme ahora que todo está bien, cuando todo parece perfecto, pues imagínense ¿qué pasaría si esto fracasaba? Simplemente, no lo hubiera podido soportar.


Hace unos días leía la carta de despedida de García Márquez y ¡cuán cierta es! Yo también me estoy muriendo, pero eso, más que nunca, me empuja a aferrarme a la vida, a disfrutar con más intensidad que nunca cada rayo de sol, cada gota de lluvia, cada beso, cada te quiero, aún no muero pero ya empiezo a añorarlas…la vida se me va de a pocos y no pienso pedir que ocurra un milagro que me cure esta enfermedad, ni siquiera pido trascender en la humanidad, tan sólo pido un día más…


Voy en el último tren

hacia el último anden

en mi último día

veo por la ventanilla

mirando hacia tras

puedo ver mi vida

no me arrepiento

de lo que hecho

mas bien me pregunto

por que perdí tiempo?

por que dejé tanto para luego?

por que dejé tanto para luego?

Quisiera irme a caminar

a la calle principal

y quitarme la ropa

podérsela regalar a los vaguitos

que están aventando pelotas

Ir por ahí

sin nada en mi cuerpo

quiero sentir

las manos del viento

por que deje tanto para luego?

por que deje tanto para luego?

Solo quiero pedir un ultimo deseo

Un día más de vida

para dar mi querer

a todos aquellos

que no les demostré

mis sentimientos

a los que les falle

y me siguieron queriendo

un día más de vida

Para entrar a la iglesia

ponerme de rodillas

mas no arrepentida

solo agradecida

por toda la libertad para hacer

bien o mal mi vida

un día más, un día más

un día más de vida

Quisiera poder llegar

con mi jefe el holgazán

a su gran oficina

para tirarle el café

para reírme de el

cuando me diga

que estoy despedida

No perder tiempo

buscar a mi amado

hundirme en su cuerpo

lo que me quede de tiempo

por que deje tanto para luego?

un dia mas

1 comentario

  1. Soul dijo:

    Solo disfruta lo que tienes!

    ….

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