MISS MEMBRILLO IV

28 06 2008

ESCENA 13: jardín exteriores día

Marita camina por un jardín lleno de flores mirando hacia todos lados. Busca algo con la mirada, encuentra una orquídea, se agacha, la arranca y la huele. Una sombra aparece por detrás y le tapa los ojos.

Marita: (toca y las manos, sonríe, voltea).

Pasión: (la toma de las manos y la ayuda a ponerse de pie). Cada momento de mi vida he tratado de pasarlo feliz, pero no puedo por estar lejos de ti.

Marita: (sonriente) Aunque estés lejos de mí, siempre estarás en mi mente, nunca serás mi pasado, siempre serás mi presente.

Pasión: (se avergüenza) Marita, he sido un cobarde, siento tanto…

Marita: (pone sus dedos sobre los labios de pasión) Sshh! No digas nada. Cuando dos se están queriendo, con los ojos se saludan y con los besos se hablan (se acerca a Pasión para besarlo cuando una voz se escucha y ambos voltean).

Voz en off: Señor, ya llegamos.

ESCENA 14: interior de un coche interiores noche

Pasión: (despierta sobresaltado) No, no ¿Qué pasa?

Chofer: (voltea y lo mira) Disculpe, pero es que ya llegamos a la plaza.

Pasión: ¿La plaza? ¿la plaza central?

Chofer: Así es, la remodelada Plaza de Armas de Chimbote.

Pasión: (enojado) ¿Y qué esperas para abrirme, so pedazo de tonto?

Chofer: Discúlpeme, discúlpeme. Enseguida le abro (sale del coche).

ESCENA 15: Plaza de Armas de Chimbote exteriores noche

Pasión: (sale del noche y da una vista a la plaza llena de luces, vendedores y gente) Vaya, vaya. Manuel tenía razón, ese apacible pueblito del que me fui no existe más. Pero no ha perdido sus tradiciones, su encanto ni su joya más preciada (mira al cielo) Ahora sí, nada podrá separarnos Marita ¿qué estarás haciendo?

ESCENA 16: dormitorio interiores noche

La puerta de un clóset se abre y Marita saca un vestido.

Marita: (se pone el vestido sobre su ropa) Este es el que me voy a poner, ¿qué tal?

Tere: (sentada sobre la cama) Mmm…me parece muy revelador.

Marita: Perfecto, lo usaré esta noche. Tengo que lucir espectacular. ¿Tienes ahí los pases?

Tere: (los saca de su cartera y se los muestra).

Marita: Muy bien. Tere, ¿segura que él va a ir?

Tere: Por supuesto. Yo misma le pregunté al chofer.

Marita: Ay, Tere, estoy muy emocionada (ríe, luego calla y se pone seria).

Tere: ¿Y a ti qué te pasa?

Marita: Me acordé de que hoy se cumple un año de que no me escribe.

Tere: ¿Ah? Ya recuerdo, el grillo, pensé que lo habías olvidado.

Marita: Mantis, Teresa, no un grillo (se sienta) Me pregunto por qué no me escribió más. Esperé por semanas su carta número ochenta y cuatro, pero nunca llegó, no lo entiendo.

Tere: Marita, es obvio, se aburrió.

Marita: (la mira con incredulidad) ¿Aburrirse de mí? ¿Que le dejé de gustar? Si es así, entonces es un imbécil. Han pasado tres años desde que supuestamente se enamoró de mí y jamás pude descubrir quién era, jamás se presentó ante mí.

Tere: (se para frente al espejo para maquillarse). Prueba de que además es un imbécil, debe estar bien feo el pobre.

Marita: (distraída, mira una caja que está encima del ropero) Y sin dinero, eso sí sería lo peor.

ESCENA 17: bar interiores noche

Se ve una mano con un gran reloj de oro. Es Pasión, que se lleva un habano a la boca para prenderlo. Mira la hora. Manuel se acerca a la mesa.

Pasión: (se pone de pie) Hasta que por fin llegas, hombre.

Manuel: (sorprendido, le estrecha la mano) Si no lo veo, no lo creo. Ni preguntarte cómo te fue en tu viaje por Lima (se sientan).

Pasión: Sí, no me puedo quejar.

Manuel: Ya lo creo que no…Es que me acuerdo cuando te fuiste y cómo regresas ¡Qué tal cambio! Se te ve bien todo enternado.

Pasión: Emprender ese negocio de exportación de harina de pescado fue todo un éxito.

Manuel: Y yo qué pensaba que era una idiotez dejar la hacienda. Te envidio francamente, mírame a mí que me quedé.

Pasión: Eso te iba a preguntar, ¿qué pasó con la negra?

Manuel: Terminó pues, se fue a vivir a casa de su madre, pero cada mes le paso pa’ sus gastos, menos mal, la Ruth y el Manuelito ya están grandes. Ahora cuéntame tú ¿conociste por ahí una hembrita? Sí verdad? Te conozco bacalao (ríe).

Pasión: (fuma su habano) No tendría que repetírtelo, pero sabes que para mí no hay más mujer que Marita.

Manuel: ¿Qué? ¿La mocosa esa? Pero si ya han pasado tres años.

Pasión: La amo Manuel, más que nunca. Sólo por ella regresé y me quedaré el tiempo que sea necesario. Ya logré hacer dinero, ahora sí puedo pedirle que nos casemos.

Manuel: ¿Sabes? Antes deseaba que te enamoraras y te casaras. Tú estás mal Pasión, no seas iluso. Esa niña no te conviene, es una orgullosa, no me da buena espina.

Manuel: Lo siento, pero no pienso hacerte caso. Ella, que ya es una mujer, va a ser para mí, caso cerrado (llama al mozo con un silbido) ¡Dos cervezas bien helenas!

ESCENA 18: salón de recepciones interiores noche

Recepción en la municipalidad de Chimbote. Personas elegantes se encuentran en grupos conversando y bebiendo. Marita y Tere entran tímidamente. Marita la toma del brazo. El maestro de ceremonias sube al estrado.

Maestro de ceremonias: (coge el micrófono) Buenas noches a los concurrentes, gracias por haber asistido esta noche que celebramos el cierre del año fiscal 1956 de nuestra querida municipalidad de Chimbote, para lo cual contamos con la presencia del alcalde Luis Bueno (aplausos). A continuación, el alcalde se acercará a dar unas palabras de agradecimiento (Alcalde se acerca y toma el micrófono mientras aplauden).

Alcalde: Muy buenas noches a todos y cada uno de ustedes. Les agradezco infinitamente su presencia a este magno evento. Agradezco la ilustre presencia de importantes personajes de quienes luego haré mención. Como saben, estos años pasarán a la historia de Chimbote, pues de ser un pueblito pequeño (ríe) ha pasado a ser una ciudad próspera e industrializada con miras a convertirse para 1960 en la segunda ciudad más importante del país…

Marita: (susurra) ¡Qué aburrimiento! Ojalá que ya acabe.

Alcalde: Gran parte de este progreso se la debemos al ilustre empresario Luis Banchero, quien no pudo asistir por razones de fuerza mayor, pero se encuentra en su representación su sobrino Rodolfo (aplauden y él saluda) a quien le voy a pedir que por favor se acerque para darle las llaves de la ciudad.

Rodolfo: (se acerca al estrado, mira a la gente, ve a Marita en primera fila y ésta le sonríe. Él agacha la cabeza avergonzado).

Tere: Tenías razón, es muy guapo.

Marita: Es un excelente partido. Está guapísimo y sobre todo, tiene muchísimo dinero.

Voz en off: Él tiene que ser, él será quien me saque de este maldito lugar (se agarra el cabello y lo mira coquetamente).





MISS MEMBRILLO III

25 06 2008

ESCENA 10: comedor interiores día

Manuel y Pasión se encuentran sentados en el comedor de la hacienda donde trabaja Pasión. Beben chicha de jora.

Pasión: (bebe de su vaso y se limpia con la mano) Ah! Mi niña! Su nombre es María del Carmen Villanueva, tiene 15 años y cursa el tercero de secundaria en el colegio “Los Próceres”.

Manuel: (muerde un pedazo de pan y habla con la boca llena). ¿Lo ves Pasión? ¡Tiene 15 años! Y tú te vas para los 57! No, esto como broma ya se pasó de la raya.

Pasión: Es que no es una broma, sé que puede parecer descabellado pero la edad qué importa, yo la amo.

Manuel: La amas según tú…y ella a ti?

Pasión: Aún no me conoce pues, mas ese día llegará y yo sé que me va a amar, además de bella, se ve tan pura, frágil…

Manuel: …creída, vanidosa y altanera. Lo que tiene de bonita lo tiene de orgullosa, le ha hecho muchos desplantes a mi hijo, tu ahijado Manuelito, él mismo me lo contó.

Pasión: Sí, eso ya me lo dijiste, precisamente por eso no me he acercado a ella. María del Carmen es toda una reina y ha nacido para tratarla como tal. Necesito algo que ofrecerle.

Manuel: Sí, claro, esa muchacha es más especial.

Pasión: (toma su chicha de un solo sorbo) Manuel, he tomado una decisión… voy a renunciar.

Manuel: (eructa) ¿Qué? Ahora sí no te entiendo.

Pasión: Te voy a explicar: a mi reinita tengo que darle lo mejor, no me va a aceptar con un sueldito de capataz.

Manuel: Pasión, siempre has dicho que la que se fije en ti, no debía importarle tu dinero, que por cierto, tampoco es tan poquito eh?

Pasión: Yo sé que ella me querrá por mí, pero no le voy a dar una vida de perro, no se lo merece. Mira Chimbote, es un pueblo tranquilo, apacible, pero he estado hablando con gente de plata y…

Manuel: ¿Y?

Pasión: Van a impulsar la pesquería y las fábricas las van a ubicar aquí. Eso les va a dar mucha plata, así que voy a invertir en eso.

Manuel: Pero Pasión, tú que sabes de pescados!

Pasión: Sé de cuentas, casi, casi, administro todo esto.

Manuel: Exacto, has trabajado aquí por más de 30 años ¿Cómo vas a dejarlo todo por arriesgarte en un negocio?

Pasión: Pues así es hermano, como lo oyes, es un riesgo que hay que correr, necesito tener dinero.

Manuel: (perplejo) ¿Escuché bien? ¿Tú, Pasión Chávez, ambicioso? ¿Qué te pasa? Razona, una mocosa que ni sabe que existes te está trastornando el coco ¿Qué tal si te rechaza?

Pasión: No Manuel. Esa mujer nació para mí, ya verás. Si ella no me quisiera, me muero, me muero…

ESCENA 11: dormitorio interiores día

Marita está echada en su cama, tocan la puerta de su cuarto y va a abrir.

Marita: ¡Tere, amiga! ¡Qué bueno que viniste!

Tere: (entra y se sienta en la cama) Tenía que hacerlo, tu mamá no te deja salir.

Marita: (se sienta y abraza una almohada) Sí, estoy castigada. Te juro que esa Elisa me las va a pagar, toda una semana suspendida.

Tere: A ella también la suspendieron, además, ¿no querías faltar a clases?

Marita: Sí, pero no suspendida (se echa sobre la cama).

Tere: ¿Y por qué esa carita? Se supone que estás molesta.

Marita: (sonríe) Lo estaba pero ya me subieron el ánimo.

Tere: ¿Qué pasó?

Marita: (saca una carta debajo de su almohada y la muestra a Tere, levanta las cejas) Mira lo que me llegó.

Tere: (la toma, lee y empieza a reírse) Por Dios! ¿Qué es esto?

Marita: No lo ves? Es una mantis que quisiera ser luciérnaga para iluminar mi camino, sólo yo puedo salvarla.

Tere: ¿Salvarla de qué o qué?

Marita: De volver a ver el rostro del amor, si no quedará encerrado en una flor que llora de no ser tan bella como esta otra flor (abre su cajón y le da la flor).

Tere: Es una orquídea, una flor exótica y muy rara ¡Qué cursi!

Marita: (se pone seria) Bueno, que se haya enamorado de mí, eso no es novedad pero no sé, me pareció lindo.

Tere: ¿No será Manuel?

Marita: ¿Del Palto? No había pensado en él, como sea, me encantó la carta, es la más bonita que he leído. De cualquier forma, voy a guardarla aquí, debajo de mi cama (la guarda).

Tere: ¿Y quién te la dio?

Marita: En la mañana, cuando venía de comprar el pan, estaba ahí, en la puerta. Vi a todas partes y no había nadie.

Tere: ¡Qué extraño! ¿Quién te imaginas que sea?

Marita: No lo sé, pero quien quiera que sea, tengo que reconocer que tiene un alma muy bella.

Tere: Un alma muy bella…ja, ja! Oye Marita, no me digas que te estás enamorando de ese anónimo admirador tuyo.

Marita: (estalla en una carcajada) ¿Cómo crees Tere? Si me enamorara de cada chico que le gusto, me habría vuelto loca.





MISS MEMBRILLO II

23 06 2008

ESCENA 7: calle céntrica exteriores día

Transeúntes cruzan la avenida, un grupo de personas están parados alrededor de un puesto de periódicos leyendo las noticias. Se ven los titulares con la foto de la reina del membrillo.

ESCENA 8: dormitorio interiores día

Carmen entra al dormitorio con una bandeja en la mano y un diario.

Carmen: ¡Buenos días dormilona! (sacude a Marita). Es hora de levantarse.

Marita: (se estira con los ojos cerrados) Ay, mamá! Es domingo.

Carmen: En esta casa todos se levantan temprano y no hay corona que valga (ríe).

Marita: (bosteza y se sienta) estoy muy cansada por lo de ayer.

Carmen: Sí, fue un día agotador pero valió la pena. Mira nomás (le muestra el diario).

Marita: (toma el diario y lee) Cosecha del membrillo nos trajo nueva reina. ¿Eso es todo?

Carmen: También saliste en las páginas interiores. Tu papá ya fue a comprar el resto de periódicos en donde estás.

Marita: Pues ojalá haya salido mejor que en este.

Carmen: Pero si saliste linda hijita. Lo importante es que te regalaron cosas, nos dieron muchas cajas de frutas.

Marita: (se molesta) ¿Eso te importa? ¿Es que no te das cuenta mamá? Este es sólo el principio.

Carmen: ¿Principio?

Marita: De mi futuro, un concursito así no fue mucho, fue sencillo vencer a esas tontas inmaduras (se pone de pie). Mi siguiente paso será ir a Lima y coronarme como la reina de este país y luego, del mundo entero.

Carmen: (se agarra la cabeza) Estás soñando María del Carmen.

Marita: (sonríe a su mamá y mira hacia adelante).

ESCENA 9: aula interiores día

Alumnos conversando entre ellos, unas alumnas escriben en la pizara, las clases no han empezado. Marita entra orgullosa y se sienta en su carpeta. Todos voltean a mirarla.

Marita: (se acomoda y suspira) Lunes otra vez ¡Qué fastidio! Debieron darme asueto para descansar.

Tere: (mueve la cabeza) No te pases, no es para tanto. Supongo que hiciste la tarea de Química.

Marita: (voltea) ¿Química? Sabes que odio ese curso. En definitiva, el colegio no es para mí.

Tere: (irónica) Ah, sí? Entonces, ¿qué es para ti?

Marita: Acá nos enseñan tonterías, hay cosas que se aprenden sola, como tener clase, encanto y carisma. Pero un día me rebelaré contra mis papás y no vendré más (se acerca un muchacho a su sitio).

Tere: Mira quién viene.

Marita: (lo mira de reojo) ¡Ay, no! (se tapa la cara).

Manuel: (sonríe) Hola Marita, hola Teresa.

Marita: ¿Qué pasa del Palto?

Manuel: (baja la mirada) Bueno, sólo venía a…a…

Marita: ¿A qué? Habla de una vez.

Manuel: A felicitarte. Te vi en el corso, se te veía muy bien.

Marita: Sí, sí, ya lo sé…¿algo más?

Manuel: No, bueno sí, decirte que si necesitas algo, me digas nomás…

Marita: Gracias, y sí, necesito un favor.

Manuel: (emocionado) Lo que tú quieras Marita.

Marita: ¡Esfúmate! Me choca tu presencia.

Tere: ¡Marita! Manuel sólo trata de ser amable contigo.

(Un grupo de chicos estalla en risa).

Marita: (se pone de pie y se acerca a la pizarra).

(Las chicas se abren paso, mostrando el dibujo de la pizarra. Es una caricatura de Marita con una corona. Dice “Miss Anchoveta”).

Marita: (enojada) ¿Quién hizo esta estupidez?

Elisa: (se pone al frente de ella) Yo lo hice, ¿y qué?

Marita: Ah, tú. Claro, si siempre me has envidiado.

Elisa: ¿Envidiarte yo? Por favor, María del Carmen. Es que todavía no entiendo cómo pudiste ganar (camina alrededor de Marita, mirándola de arriba a abajo). Obviamente no pagaste porque además de todo, eres una pobretona.

Marita: (grita) ¡Mira, ya basta! Te exijo que borres eso ahora.

(Todos en el salón gritan en coro desafiando a Elisa).

Elisa: Disculpe, su majestad, (hace una reverencia) pero no soy una de sus súbditas. Si no lo quieres, bórralo tú misma (le lanza la mota).

Marita: ¿Ah sí? Pues más te vale que lo hagas tú (le tira la mota).

Elisa: (desafiante) ¿Y si no quiero, huequita?

Marita: (mira para abajo, levanta la mirada y la abofetea).

Elisa: (se toca la cara) Ahora verás anchoveta de cuarta (la jala de los pelos, iniciándose una pelea entre ambas).

(Alumnos del salón aplauden, ovacionan. Tere y Manuel tratan de separarlos cuando llega la maestra).

Maestra: (golpea la puerta) Pero ¿qué es lo que pasa aquí?

(Ambas se separan y miran a la maestra).

ESCENA 10: puerta del colegio exteriores día

Marita despeinada camina a paso rápido con su mamá.

Marita: Pero mamá, ella empezó!

Carmen: Es el colmo contigo María del Carmen. Nada más deja que tu papá se entere.

Marita: No mami, por favor, no le digas nada.

Carmen: Nos has hecho pasar una gran vergüenza hoy. Tan orgullosos que estábamos de ti con lo de tu concurso y mira con lo que nos sales. (Marita baja la cabeza y se alejan del colegio).

(Tapándose con un periódico, se encuentra Pasión. Carmen y Marita pasan por su lado, él baja el periódico y se queda observándolas fijamente).

Pasión: (suspira) ¡Qué hermosa es!





MISS MEMBRILLO

19 06 2008

ESCENA 1: vista panorámica de Chimbote día

Paisaje, iglesia, plaza, niños jugando, casas.

ESCENA 2: casa interiores día

Una mujer, dos niñas y una joven se encuentran alrededor de una muchacha sentada frente al espejo, se le ve de espaldas. Hay gran bullicio, todos hablan a la vez.

Carmen: Ay hija, ya va a ser mediodía y aún no terminamos de peinarte.

Fátima: Que se pruebe este pintalabios mamá (intenta maquillar a la muchacha).

Carmen: ¡Caramba, Fátima! No molestes a tu hermana…Anita!

Anita: (baila mientras se pone una corona)

Tere: Yo la aquieto doña, usted arregle nomás a mi amiga porque hoy será su gran día.

ESCENA 3: cantina interiores día

Cuatro hombres se encuentran alrededor de una mesa jugando póquer a la luz de una lámpara. Uno está fumando un habano y mira nervioso sus cartas. Cruza miradas con otro.

Hombre Nº1: ¿Y qué dices? ¿Vas?

Pasión: (dudando) Sí, sí, pongo 100.

Hombre Nº1: Está bien. Cien, no, mejor todo lo que tengo.

Manuel: Yo me retiro.

Hombre Nº2: Yo también.

Pasión: Pongo todo por ver.

Hombre Nº1: (sonríe) Muy bien. Tú primero.

Pasión: Te lo cedo.

Hombre Nº1: Como quieras (muestra sus naipes) Póquer de reinas.

Pasión: Full de ases, te gané (muestra sus naipes).

Hombre Nº1: (golpea la mesa y se lamenta).

ESCENA 4: casa interiores día

Carmen: Listo.

Fátima: Quedaste preciosa hermanita.

Anita: Pareces una princesa.

Tere: Una reina querrás decir, la reina de todo Chimbote.

(La muchacha se mira al espejo de pie mientras la contemplan)

ESCENA 5: plaza central exteriores día

Manuel y Pasión caminan.

Manuel: Vaya Pasión Chávez, usted sí que es el experto en los juegos de azar.

Pasión: Menos mal que gané, estaba apostando todo mi sueldo y si perdía, no sé qué hubiera hecho el resto del mes.

Manuel: Siempre ganas Pasión, ojalá tuviera tu suerte…y ahora ¿a dónde vamos?

Pasión: No sé tú, pero yo me regreso a la hacienda.

Manuel: ¿Qué? Toda la vida te la pasas ahí, aprovecha que el viejo de don Chente te dio día libre, es un tirano. Paras trabajando para sus bolsillos, por eso ni mujer has conseguido. Bien dicen “Buena suerte en el azar, mala suerte en el amor”.

Pasión: Espera, sabes que yo no he querido tener porque nunca me han faltado…

Manuel: Sí, ya sé, quieres mantenerte casto, vivir tu libertad hasta el día en que encuentres a la mujer de tus sueños. Hermano, eres un hombre maduro, no eres ningún niño, no estás para seguir con esas indecisiones.

Pasión: No son indecisiones. Todas las mujeres que he conocido son frívolas, no tienen nada en el cerebro.

Manuel: Así son todas. Mira a la negra, sólo le importa que lleve plata para los chicos, pero a cambio me hace mis cariñitos.

Pasión: Yo no deseo eso, esa mujer que sigo y seguiré esperando me querrá por lo que soy y no por lo que tengo, que no es mucho.

Manuel: Yo no te lo quería decir, pero tú sabes que la gente habla…dicen que…

Pasión: ¿Qué?

Manuel: Eso, que a ti no te gustan las mujeres, que eres raro pues. Mientras esperas, ¿por qué no vas practicando? La Josefa te echa unas miradas…

Pasión: Josefa hace eso con todos, como sea, es mujer y la respeto.

Manuel: Tú siempre tan respetuoso como te dijo tu mamacita.

Pasión: (se detiene) Mi mamá, trabajé tanto para ella y no pude salvarle la vida.

Manuel: Estaba ancianita pues…pero no hablemos de cosas tristes, mira, ya hace tres meses de eso ¿Por qué mejor no vamos al desfile?

Pasión: ¿Qué desfile?

Manuel: Ni sabes, hay un corso por el pueblo en un ratito, si nos apuramos llegamos.

Pasión: Bueno, un rato nada más.

(Manuel le da una palmada en el hombro y caminan de frente).

ESCENA 6: calle exteriores día

Desfile de bandas, gente sonriendo, niños aplaudiendo, payasos. Soldados, waripoleras. Manuel y Pasión están parados a un lado del desfile.

Manuel: Cambia esa cara hombre.

Pasión: No tengo otra.

Manuel: ¡Anímate! Esto no es un velorio.

Pasión: Entiende, sólo hay niños aquí.

Manuel: (no le hace caso y mira a lo lejos) Parece que atrás viene la reina del membrillo.

Pasión: ¿Reina de qué?

Manuel: Anteayer se escogió a una muchacha como reina de la cosecha del membrillo (Manuel le da un codazo a Pasión, éste reacciona con un gesto de incomodidad. Pasa una caravana, el bullicio aumenta).

Pasión: (serio, con desinterés, mira la carroza donde está la reina y muestra asombro, se le queda viendo mientras ella saluda).

Manuel: (voltea y sonríe) ¿Y a ti qué bicho te picó? ¿Qué haces con esa cara de abobado? No me digas que… Pasión, por favor, es una niña..

Pasión: Una niña hermosa, la más hermosa que he visto.

Manuel: No estarás pensando…no! ¿Acaso te has vuelto loco?

Pasión: No compadre. Antes estuve como loco buscándola, pero ya la encontré, no cabe duda, es ella.

Manuel: ¿Quién es ella?

Pasión: La mujer que he estado esperando toda mi vida.





CHICA DIFÍCIL

8 06 2008

Soy una chica difícil

pero yo valgo la pena

yo busco un santo

un gran romeo

que por mi vaya

vaya hasta el cielo

Picame el ojo

pelame el diente

echame flores

hazme canciones

No creas que fácil tenerme

titanico sera el esfuerzo

yo busco un mago

un principe azul

que por mi derrita

el polo sur

Chica dificil

Suena gracioso decirlo, pero sí, soy una chica difícil. Tengo 19 años y aún no he besado a nadie. Y es que no quiero desperdiciar ese momento. Cuando llegué el día que dé ese beso, mi primer beso a alguien, tiene que ser con una persona muy especial, pues pienso que “hay cosas por las que vale la pena esperar”, si es preciso, para toda la vida.

He tenido varios pretendientes, pero ninguno que llene mis expectativas. No es que sea muy exigente, de hecho, nunca me he puesto a pensar en los requisitos que deba tener el hombre de mis sueños, sólo sé que cuando aparezca, sentiré como el corazón me da un vuelco y así, me dirá: “Ese es”.

Sé que muchos no me creerán, que pensarán que es muy estúpido pensar como pienso, pero así es. Viví los primeros 16 años de mi vida en las montañas y cuando me mudé a la capital para estudiar medicina, me di cuenta que nada es como lo pintan, que aquí se vive muy acelerado, pero a mí no me importa, no besaré a nadie hasta que no sienta que me derrita por él.

Sólo una vez amé, o al menos eso creí; yo tenía 12 años cuando me enamoré por primera vez de mi compañerito de banca en la escuela. No me di cuenta que lo amaba hasta que me alejaron de él. Entonces sentí un gran vacío en el alma de verlo sentado al otro extremo del salón y seguí queriéndolo hasta que concluimos la secundaria y él estaba de novio con Mayra, la más popular del colegio.

Después de Julio, mi galán de los ojos verdes, no hubo otro que me moviera el piso, absolutamente nadie. Entonces sólo me dediqué a mis estudios en la universidad nacional donde curso el tercer ciclo de Medicina.

Así transcurría mi vida hasta que conocí a Richard, un compañero de clases; me parecida un hombre con seguridad, aplomo…hasta que Ego, el peluquero de mi barrio, me lo presentó…eran pareja!!!!

Después de eso, no he conocido a nadie que me entusiasme. Leonardo es muy infantil, a Edwin sólo lo puedo ver como un hermano, Roberto es tan encimoso y Lucio, ay! No importa cuántos chocolates o flores retraiga, simplemente no me interesa. Yo espero y aunque no sé qué espero, tal vez sólo que toquen mi corazón ¿Será que estoy condenada a la soledad?





EL TIEMPO ES ORO: TRISTE FINAL

2 06 2008

Al mediodía fue al cafetín de la escuela a tomar su acostumbrada yerbaluisa en su termo blanco y azul. Alberto tenía prohibido a su familia ver televisión por incitar al ocio mas que pequeño televisor de la cafetería se encontraba prendido y no tuvo más remedio que escuchar las frivolidades de Cucuchi Guzmán a viejas chismosas. Estaban entrevistando a los ganadores de un seudoconcurso de baile de “Vaselina”, una película horrenda que contribuía a exacerbar el morbo y perdición de los adolescentes. La conductora anunciaba a una niña que, con sólo 14 años, había logrado vencer a otras 108 chicas por esa sugestiva manera de moverse tan provocadora. Se encontraba al lado de su pareja, un muchacho de 18 años y mirada perdida.

Por alguna razón, eso llamó sobremanera la atención de Alberto, tanto así que no podía pasar el sorbo de la yerbaluisa que quemaba su lengua, aunque lo que en verdad ardía era su interior cuando escuchó el nombre de la muchacha: Francisca Panduro. No podía ser, ¿qué hacía ella ahí vestida como una cualquiera? La madre, Rosa, lo sabía sin duda alguna, se lo habían ocultado, todos habían urdido el plan para que él no se enterase.

Estaba tan furioso que dejó el termo en la mesa y por primera vez en 43 años, alteró su horario tomando un autobús hacia su casa. Aquellas imágenes se habían fijado en su mente cuando llegó abriendo de un portazo la puerta y vio a Rosa recostada en el sofá chupándose los dedos tras haber consumido una bolsa de chocolatitos Nestlé, la cual cerró inmediatamente y escondió en su chompa. Alberto fue directo a ella y la abofeteó sin decir una sola palabra, luego le preguntó dónde estaba Francisca y la tildó de celestina y apoyadora.

En medio de eso, se avecinaba el sonido de una motocicleta. Alberto miró por la ventana: era ella, Francisca llegando con un tipo de cabello desordenado y casaca de cuero. Se despidieron con un efusivo beso y Francisca entró sonriente a la casa. La mirada incriminadota de Alberto la hizo adivinar todo; Francisca temblaba, balbuceaba sin atinar a decir algo coherente mientras su padre se acercaba a darle su respectiva cachetada cuando alguien se lo impidió con un imponente: “no lo hagas”.

Era Alberto hijo recostado en la puerta de la cocina, muy extraño, tambaleándose, esbozando una sonrisa; se le acercó a Francisca y le dio un beso en la frente. Lucía mal vestido y demacrado.

- ¿Qué me miran así? Sí, ya sé que debería estar recostado en el sótano, pero éste no deja dormir, hay que callarlo.

- ¿Qué haces aquí y no en el colegio? Tú, tú, condenada mujer- bramó Alberto señalando a Rosa- ¿qué has hecho de ellos sin que yo sepa nada?

- Ja, ja, creías que lo tenías todo fríamente calculado y ya ves, no eres más que un pobre y triste infeliz, sí, un infeliz que ha vivido traumado porque mató a su madre, acomplejado, nos quieres castigar a nosotros, enfermo, vaya! Qué lindo papi tenemos.

- Hijo, por favor, cállate- sollozaba Rosa.

- No llores vieja…no vale la pena llorar por este imbécil.

- ¡Basta por favor!- gritó Francisca- no lo provoques.

- Provocarme a mí un malagradecido. Bien dicen cría cuervos y te sacarán los ojos, está borracho.

- Así que no te provoco, ni así te diga que además de borracho estoy drogado, que hace mucho que me drogo, desde antes que dejara la escuela militar porque me botaron y tuve que esconderme aquí.

- ¡Basta Alberto Panduro!- gritó Francisca-ahora sí te lo digo y no me importa, eres mi padre y juro que he intentado quererte, entenderte, perdonar tus errores, pero no se puede; ¡míranos, míranos! Esto somos, pero claro, no somos peor que tú. Estoy harta de ti, sabes? Nunca pensé decirlo pero ¡cuánto te odio!

Entonces Rosa se acercó y empezó a golpearlo torpemente. Alberto cayó de rodillas, se sentía destruido. Era obvio que ahora su mujer desfogaba todas sus frustraciones en él. Alberto, inerte, hasta ese momento, empezó a gatear hasta la puerta a pesar de que sus hijos se lo impedían, sin embargo logró huir y correr sin rumbo por algunas horas.

Quién sabe cuánto corrió, pero finalmente llegó hasta Huamanga, un humilde pueblo al sur del país. Deseaba olvidar todo lo pasado y por primera vez, tener una vida normal, triste, pero normal. Encontró el oficio de tipear documentos a máquina de escribir cerca a una oficina de registro público.

No volvió a saber de su familia ni ellos tampoco de él. Estaba resignado a su suerte y se quedó a radicar en Huamanga hasta la fecha de su muerte, que nadie lloró, un gris día de agosto.





EL TIEMPO ES ORO: ALBERTO PANDURO

1 06 2008

Su mente se puso en blanco. No podía reaccionar. Mientras Alberto se divertía en un circo, su mamá estaba muriendo.

Su vecina había llegado hace horas ya pidiendo una tacita de arroz y encontró a doña Francisca tirada en el suelo: al parecer, le sobrevino una de sus crisis, trató de levantarse de la cama para inyectarse por sí misma, fue entonces que cayó al suelo y murió. ¿Pero cómo iba él a saberlo? Finalmente, también pudo haber muerto cuando él se encontraba en el colegio, después de todo, él tenía derecho a pasar un rato entretenido, era un niño, sólo un niño, y su madre estaba condenada a morir.

Alberto estaba desconcertado, quería culpar a cualquiera: al autobús que no pasaba, a la vecina por no acudir antes, a él mismo por ir al circo, al maldito tiempo por ser tan cruel.

Fue esta la razón que lo llevó a cambiar su vida por completo. Siempre se sintió culpable de la muerte de su madre, por eso los segundos, los minutos, pasaron a ser lo más sagrado para él. La precisión y la exactitud gobernaron su vida.

A partir de entonces, Alberto cambió mucho: parecía una máquina. Frío, calculador, sin sentimientos (los que en realidad guardaba en su interior). Su mirada apacible, su frente estrecha, piel cetrina, nariz prominente y la rectitud de su espíritu, demostraban que la vida lo había golpeado duro.

Su pubertad y adolescencia transcurrieron en un albergue, alumno destacado y chico de pocas palabras. Al cumplir la mayoría de edad, ingresó a la Universidad San Marcos a estudiar Educación en un nada despreciable tercer puesto. Luego enseñó en varios colegios hasta llegar al Centro Educativo Nacional de Varones “Alfonso Ugarte” donde enseñaba Álgebra a los inquietos muchachos de tercero de secundaria.

Dieciséis años antes había contraído matrimonio con Rosa Pastor. Alberto pensó que era el momento de casarse y como no estaba interesado el amor, acudió a una agencia matrimonial para que solucionasen su problema. Allí conoció a Rosa, una pobre mujer del pueblo de Monsefú, la cual era la elegida para darle la descendencia esperada. Aunque enclenque y poco instruida, era lo suficientemente sana para darle dos hijos: Alberto hijo y Francisca, quien fue bautizada así en honor a la progenitora del maestro Panduro.

Vivir con Alberto no era nada fácil, obedecer cada una de sus reglas era una obligación titánica: levantarse a las 5:30 de la mañana, usar el baño una vez al día, no tomar el autobús, no hablar con los vecinos, no comer nada que contenga azúcar, comer a las horas fijadas y jamás entre comidas. Alberto hijo estudiaba en la escuela militar Leoncio Prado (lo cual era mejor que vivir en su casa), mientras que Francisca hacía lo propio en un colegio de monjas y desde luego, estaba obligada a usar siempre, sea verano o invierno, blusas manga larga y hasta el cuello, faldas bajo la rodilla y cola de caballo. El maquillaje para las mujeres de la casa estaba descartado.

Era el profesor más insoportable del colegio. Era excesivamente metodista y muy, pero muy aburrido. Cada alumno sabía que debía cuidarse de no chocar con el profesor; él estaba acostumbrado a dejar tareas excesivas y a que las lecciones debían ser aprendidas de memoria.

Son las 7:59 de la mañana cuando Alberto Panduro ingresa al colegio para marcar tarjeta y hacer gala una vez más de su puntualidad. Él no toma autobuses pues no los considera seguros de hacernos llegar a tiempo, prefiere usar sus pies que sabe que le tomarán 47 minutos en arribar desde Chorrillos al colegio de San Isidro.

Aquel gris día de agosto de 1978 sería un día inolvidable para Panduro, un clasemediero maestro del gobierno militar de entonces. Ese día era la conmemoración de un aniversario más de la muerte de doña Francisca, fecha que se recordaría en la frugal merienda de los miércoles: arroz con frejoles más una taza de café negro a las tres de la tarde en punto. Pero además sería inolvidable por la sorpresa que recibiría.