LA PRIMA VOLTA

30 12 2008

caricias

Se sueña tanto con la primera vez. Se le imagina en una habitación oscura a la luz de las velas con el hombre de nuestras vidas, siempre mágica y perfecta. Hasta que un día, a veces el menos pensado, ocurre y zas! Ya está, así fue, no era ni la mitad de lo que soñamos. Pese a ello, tratamos de justificarnos pensando que fue lo correcto y que él, “nuestro primer hombre”, será el único con el que llegaremos al altar, cosa que, por supuesto, muy, pero muy rara vez, suele ocurrir.

Algo así fue mi primera vez. Fue en tu casa un 28 de febrero. Yo tenía 16 años y festejábamos los primeros (y últimos) seis meses de relación. Yo sabía lo que me aguardaba al tocar tu puerta. Tus padres habían ido a un cóctel y llegarían muy tarde. Pese a tener la certeza de que estaríamos completamente solos, no podía evitar sentirme invadida por el nerviosismo. Aunque traté de disimular, mis piernas temblaban y a cada caricia tuya, sentía un frío aterrador que me recorría todo el cuerpo. Dentro de mí, sabía que aún no era el momento.

Cuando todo terminó, trataste de ser cariñoso (no sé si por compromiso o porque de veras apreciabas lo que había hecho por ti). A mí me embargó el llanto y te pedí que te fueras.

A partir de entonces, nada volvió a ser igual entre nosotros. Lo hicimos dos o tres veces más en la parte posterior del coche de tu papá y en el baño de mi casa, pero no, simplemente no funcionaba. La magia se había terminado y era hora de que cada quien hiciera su camino.

A decir verdad, hacerlo contigo acabó con la atracción que sentía por ti. Desde entonces, no podía verte sin odiarte. Me sentía invadida en lo más profundo de mi intimidad, sentí que no habían más secretos por revelar entre nosotros y además, eras tan malo en la cama, ibas tan rápido y yo tan lento que supe que no podía seguir con esto.

Entonces decidí encontrar mi destino, segura de hallar a alguien con el que finalmente surgiría la química. Así conocí a Ronald. Después de estar contigo, acostarme con él ya no sería difícil. Lamentablemente, las cosas no funcionaron y antes de cumplir el mes, decidimos cortar por lo sano.

Luego aparecieron Jaime, Luis, Rodrigo y Roly. Para ese entonces, el amor ya era cosa secundaria en la cama. Lo que yo buscaba, lo que realmente buscaba, era explorar esa sensación plena y placentera, cuando nuestros cinco sentidos se integran en una sola emoción: el orgasmo.

Era un sentimiento tan deseado y tan difícil de saborear en todos sus aspectos. La universidad estaba por acabar y yo había probado toda clase de pieles y experimentado numerosas teorías, todas en vano.

Es así que en el matrimonio de Gretel (mi mejor amiga desde el colegio) vi la oportunidad perfecta para conocer nuevos tipos y por qué no, a mi nueva conquista. Después de haber pasado por mi cama una docena de hombres, podría decirse que los conocía muy bien y dominaba todas las técnicas para hacerlos caer (cosa que por cierto, no era nada del otro mundo, pues los hombres, por sexo, son capaces de vender su alma al diablo).

Entonces te volví a ver ahí, con un whisky en la mano; me pareció tan gracioso volver a verte después de tantas…lunas. Nos saludamos con cordialidad y conversamos sobre lo que habían sido nuestras vidas en estos últimos 10 años.

No tardamos mucho en escaparnos y buscar el hotel más cercano. Nuestros cuerpos necesitaban reencontrarse y reexplorarse con la madurez y experiencia que nos dan los año. La ocasión no pudo ser más propicia y más satisfactoria. No puedo explicar lo que pasó esa noche (más que por pudor, por la media botella de whisky que ahogó mis recuerdos), pero puedo decir a ciencia cierta que fue ES-PEC-TA-CU-LAR: seis veces en una noche, wow! Batí mi récord con quien menos lo hubiera esperado.

No sé si fue tu piel o tu olor o tus labios, el hecho es que ese chico que me causó mi primera gran decepción; aquel que me había hecho el milagro; por primera vez sentí la explosión, sí, esa explosión que pensé que nunca llegaría y que gracias a ti, pude conocer y me desconectó de este mundo para ponerme en contacto con algo muy cercano al paraíso.

Luego de eso nos alejamos por un mes, pero como toda acción trae sus consecuencias, ésta llegó seis semanas después: estaba embarazada, coño! Te llamé para comunicarte la noticia, te dije que no quería tenerlo, pero te negaste a esa posibilidad. Nuevamente nuestras vidas se entrelazaban y esta vez para siempre. Tú y yo seremos padres en unos meses más y aunque la idea me aterra, me alegra, dentro de todo, enfrentar este nuevo reto a tu lado.





VENGO A PEDIR PERDÓN

27 12 2008

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Hoy, estimado Ernie, vengo a pedir perdón, vengo con el corazón. En el último año que hemos estado viéndonos, sé que siempre he sacado a relucir (e incluso a magnificar tus errores), que te he ridiculizado y te he dejado frente a nuestros amigos como la persona que más daño me ha hecho y hoy, debo reconocer que nada de eso es cierto y que aquí, la basura, soy yo.

Es verdad que eres frío, pero no más que yo. Eres noble y tienen un corazón inmenso. Quieres a las personas que te rodean y eres incluso capaz de sacrificar tu propia felicidad con tal de no lastimar a un amigo.

Me ayudas a mí en todo lo que pueda necesitar: eres mi guía, mi brazo derecho, mi consejero, escuchas todos y cada uno de mis problemas (hasta los de mis amigos) y además, te das tiempo para arreglar mi computadora, hacer mi tarea de Estadística y comprar la comida de mis gatos.

Me conoces a la perfección y no sólo me toleras, sino que me entiendes, me apoyas y aguantas cada uno de mis caprichos y es que soy tremendamente caprichosa y engreída. Tu paciencia es infinita, pues yo en tu lugar, no soportaría mis ataques de histeria, poses de diva e insultos. Simplemente, yo en tu lugar, me mandaría al diablo.

Demuestras que te importo y cuidas de mí cuando estoy enferma, me abrazas cuando siento frío y vas por mí si estoy sola en la oscuridad; me proteges y me haces sentir que si caigo, tú estarás ahí para rescatarme.

Me das total libertad para hacer lo que quiera con mi vida, aún si eso significa irme a pasar unos días a la sierra con otro o ir a bailar con ese chico que sabes que me pretende. Quizá sea porque confías en mí o porque me conoces y si me lo prohibieras, yo igual lo haría.

Has perdonado (subiendo o prefiriendo no saberlo) mis mentiras, mis excusas, mis inventos y mis infidelidades (de pensamiento la mayoría de ellas y un traspiés que prefiero no recordar) y sobre todo, porque con ese amor despreocupado o indiferente, tan a tu estilo, me has redimido de todos mis pecados, hiciste de mí una persona que no quiere seguir cometiendo más errores (sobre todo contigo) y sólo desea ser mejor de lo que es porque es lo que tú te mereces.

Eres el hombre más bueno y paciente del mundo, me siento afortunada de tenerte a mi lado. Por ti soy feliz de tener un trabajo que odio, de seguir una maestría que no entiendo y de mantener una casa que se cae a pedazos. Todo eso, al fin y al cabo, forma parte de mi vida y cobra sentido si sé que al acabar la semana, podré verte y besar tu rostro. Todo eso lo hiciste tú, hombre maravilloso, quién sabe cómo, pero es así y hoy quiero que sepas que soy como soy y quizá nunca sea la chica que tú lo hubieras querido que sea, pero con todo mi arsenal de defectos, soy la mujer que más te ama y haría lo que sea, entendiste bien, lo que sea, sólo porque tú estés bien. Eres lo más importante que tengo.






MUJER NOCHE

26 12 2008

Sus colegas la conocen como “la calladita”, pues siempre anda apartada de las demás; es que ella es distinta a las demás y lo sabe, pero su necesidad de sacar adelante a sus tres pequeños completamente sola, fue lo que la envió a expender su cuerpo como pan caliente por las pestilentes calles del jirón Cañete.

Llega la medianoche y con ella la gente de mal vivir que invade las calles del centro de Lima en busca de sexo, alcohol y drogas. Es entonces cuando aparece Lucy, la calladita, discreta, pero dispuesta a todo por llevar unos cuantos soles a su hogar.

Lleva una holgada chompa roja y una pequeña minifalda que deja al descubierto sus delgadas piernas, cansadas de tanto caminar una y otra vez por esas trajinadas vías. Sin embargo, su escaso arreglo y su apariencia tímida y frágil la hacen lucir distante de su oficio.

Pasan las horas y Lucy continúa parada dando la espalda en las esquinas de Cañete y Zepita. Aunque intenta lucir la mercadería, nadie se ha acercado a preguntarle “la hora”: hoy, la clientela está baja. Es que los ocasionales parroquianos que por ahí transitan prefieren la tosca alegría de Brigitte o las pulposas formas de Mimí.

A la calladita no le importa, sabe que no es muy popular pero que tiene sus clientes fijos que ya vendrán. Su rostro afable luce demacrado, tal vez por las malas noches o tal vez por la preocupación por el bienestar de sus hijos, que no sospechan del sacrificio al que ella debe someterse cada oscura noche.

Mientras ellos duermen plácidamente, aunque apretujados en un humilde catre, Lucy trabaja vendiendo su enjuto cuerpo, con el remordimiento de saber que sus pequeños la creen cuidando enfermos en un hospital de la ciudad.

Comienza un nuevo día en Lima, pero para ella se acaba una jornada más sin dinero que llevar a su familia. Para su suerte, aparece un hombre de mediana edad, con el que después de cruzar unas miradas, cierra el trato y acude presurosa a un económico hostal del jirón Cañete.

Entraron como un par de desconocidos y salen de la misma manera. La transacción comercial ha concluido y ambos se alejan con la convicción de no volver a verse nunca más.

Los veinte soles obtenidos solucionarán al menos por un día el hambre de sus tres menores hijos. A pesar de llevar poco menos de un año en el mundo del meretricio, la vergüenza y el asco no se han apartado de ella, quien se promete a sí misma dejar este oficio, al que finalmente vuelve.

La calle es dura y el trabajar vendiendo caramelos no le resultaba tan rentable como la prostitución. Ahora mantener a sus hijos es lo único importante para la calladita pues el amor para ella murió el día que su conviviente la abandonó, para qué intentarlo si siempre le va mal, al fin y al cabo, todos son iguales.

Así es Lucy, una mujer como muchas, pero una prostituta como pocas. Su historia va mucho más allá de lo contado, pero ella prefiere guardar esos recuerdos en su mente y nada más ver hacia delante, a un futuro incierto que es el que le espera, pero eso sí, siempre rodeada por sus más grandes tesoros.





AMOR SIN BARRERAS

23 12 2008

Dicen que la realidad supera la ficción y no les faltó razón. La historia de mis abuelos es una de ellas. Ambos estaban destinados a estar juntos y contra eso ningún obstáculo pudo vencerlos.

La tumba de mi abuela yace junto a la de mi abuelo. Ella murió un año después que él. Habían vivido unidos por más de treinta años y la falta que él le hacía fue algo a lo que no podía acostumbrarse, tal vez por eso tenían que reencontrarse más allá de la vida.

Todo empezó a finales de los años ’50 cuando estos Romeo y Julieta de antaño se conocieron en las aulas de un colegio, trabajando como profesores. Ella era una joven que provenía de una familia acomodada y él era un hombre que vino desde un valle de Ica en busca de las oportunidades que no hallaría en su remoto pueblo.

Nadie pensó que terminarían juntos, pues ella era una muchacha rebelde y enérgica, mientras él era apacible, tímido, pero muy terco, tanto así que no paró hasta conquistar a la muchacha de ojos negros.

De esta manera se inició el furtivo romance por medio de cartas y miradas. La familia de ella nunca lo aceptaría, era un tipo que no se acercaba siquiera al prospecto que tenían pensado para su única hija.

Sin embargo, mis abuelos no podía vivir el uno sin el otro y decidieron resolver de una vez por todas su historia, sin importar lo que dijeran los demás, por lo que huyeron hasta Ayacucho a casarse.

Ya casados, nadie pudo negarse a su relación de la que nacieron dos varones y dos mujeres. Poco a poco salieron adelante, logrando superar las adversidades y el hecho de salir adelante en una ciudad desconocida, con lo que lograron la aceptación a regañadientes de la familia de ella.

Debieron quererse mucho, por algo fueron compañeros por el resto de sus vidas, aunque siempre parecieran distantes por la actitud dominante de mi abuela sobre mi abuelo, que supongo, aceptaba todo por amor.

Es así como sus vidas se fueron apagando pero nunca la llama de su amor, a pesar de los comentarios malintencionados de terceras personas. Después de escuchar el relato por mi papá, creo que las novelas románticas no se comparan a lo que puede pasar en la vida real y lo único que nos queda es vivir nuestra historia de amor como si fuera nuestra última oportunidad, no importa cuán difícil parezca, el amor (aunque después fracase) siempre valdrá la pena.





EL CÁNCER TE MATA

19 12 2008

El cáncer te mata. Mata tus esperanzas, tus ilusiones y las de toda tu familia, hasta ir consumiéndote poco a poco.

Así le sucedió a mi madre, ella murió cuando tenía seis años. Aún tengo el recuerdo de tu rostro pálido y con una pañoleta, bajo el cristal de un ataúd. Reconozco que no derramé ni una lágrima, pero es que era muy joven mamita y no lograba comprender lo que ahora, tres décadas después, entiendo.

Luchaste durante dos años contra esta enfermedad. Temías dejar a tus tres hijos desamparados, bajo la custodia de un padre alcohólico y desempleado, pero por más que lo intentaste, un 19 de febrero tus fuerzas se doblegaron y tus ojos se cerraron para siempre.

Recuerdo que la vida de todos cambió radicalmente cuando te diagnosticaron esa terrible enfermedad: hipotecamos la casa, nos mudamos a una más pequeña, mis hermanos y yo dormíamos en un cuarto y tú en el otro, con mi abuela que te cuidaba día y noche. Pedimos préstamos para solventar tus quimioterapias, acudimos a sacerdotes, chamanes y médicos naturistas que prometían la solución a tus problemas, sin embargo, la enfermedad avanzaba y nada podíamos hacer para detenerlo.

Eso es lo peor, no poder hacer nada, saber que la vida de un ser querido se te va y que por más que luches por salvarlo, tus esfuerzos parecen inútiles.

Ese no fue mi caso pues a mí siempre me mantuvieron ajena de todo. Nunca fui a visitarte al hospital, nunca, prefería quedarme en casa jugando con mis muñecas. Supongo que me extrañaste en tus últimos meses pero yo era pequeña para conocer la diferencia entre la vida y la muerte.

El último recuerdo tuyo que tengo fue 8 meses antes de tu partida: tú me sonreías mientras modelabas tus pelucas y yo te aconsejaba que te compraras una azul mientras me veía obligada a terminar un plato de hígado, el cual detesto. Entonces me pediste que hiciéramos un trato: tú lo comerías pero no le diríamos nada a la abuela. Yo acepté feliz de la vida, aunque mi mamá gitana (así le decían mis amiguitos cuando la veían usar un pañuelo en la cabeza) no se sintió igual, pues enfermó toda la noche ya que el hígado no estaba incluido en su dieta especial. Lo siento mamita, hiciste tanto por mí y yo fui tan ingrata, ¿me perdonas desde donde quiera que estés? Yo sé que sí.

Pero esta maldita enfermedad no sólo me arrebató a mi madre, sino también le quitó la vida a la mamá de Rita, mi mejor amiga. Su diagnóstico: cirrosis. Sólo un transplante podía salvarle la vida y en nuestro país, la donación de órganos es un tema tan ajeno a la mayoría de la gente, que las posibilidades de acceder a dicho transplante eran casi nulas. Pese a ello, Rita se dedicó en cuerpo y alma a su madre; dejó trabajo y estudios. Al cabo de seis meses, que más bien parecían 10 años que le hubieran caído encima a mi amiga, los médicos descartaron cualquier esperanza: “Despídase de su madre, ya no hay nada que hacer”.

Lo mismo sucedió con Manolito que luego de llevar a su padre, un profesor de escuela, al hospital, fue diagnosticado con cáncer del sistema nervioso central, pronto quedaría hemipléjico y no le quedaba más de un año de vida. ¡Qué coraje! Amar tanto a una persona y no poder hacer nada más que contemplar su fin y es que cuando una persona enferma de cáncer, toda la familia enferma y jamás vuelve a ser la misma, yo me pregunto por qué la vida será así.

Carta de una hija a su madre

El amor de una madre no conoce lo imposible. Y el amor de una hija tampoco, y aunque ya no estés a mi lado físicamente guiándome, aconsejándome, tengo el consuelo que fuiste tan buena madre, que en mis recuerdos tengo enseñanzas y consejos para el resto de mi vida. Conservo varios escritos que me diste y hoy por hoy son mis más grandes tesoros. Ya no quiero llorar más aunque el simple hecho de nombrarte no pueda evitar dejar caer una lágrima por ti. Sé que estás en un lugar mucho mejor que este y ahora eres libre y feliz y eso me da la serenidad de seguir adelante. Nadie podrá llenar este vacío que dejaste pero aprenderé a vivir con él. Viviré con todo lo bueno que me dejaste con ese amor inmesurable que aunque ya no estés junto a mí; aún lo siento cada día a la hora de despertar. TE AMO MUCHO VIOLETITA Y NO SE CUANTO TIEMPO PUEDA PASAR PERO ALGÚN DÍA VOLVERÉ A ABRAZARTE Y A LLENARTE DE BESOS. Rita.





CARTA DE UN HOMBRE ENAMORADO

16 12 2008
‘ …….. Hay un punto en tu vida, en el que te das cuenta: quién importa, quién nunca importó, quién no importa s, y quién siempre importará.
De modo que no te preocupes por la gente de tu pasado, hay una razón por la que no estarán en tu futuro’ …

(45 días sin verte)

noviembre sin ti acustico

Querida Mariel, leí tu carta de despedida y me pareció muy conmovedora, sobre todo por tu exagerada verborrea. Tienes la cualidad de victimizarte ante cualquier situación, sin tomar en cuenta que si bien yo cometí errores, tú también y muchos más que yo. Yo te quiero, no sé por qué lo dudas, te lo dije en Navidad recuerdas? Además quién, que no te quisiera como yo lo hago, podría aguantar tus actitudes de mujer complicada que se enoja, llora y reniega por todo? Ya no recuerdas las veces que cuidé de ti y corrí detrás tuyo cuando me hacías un desplante en plena calle o las veces que te perdoné (aunque nunca me pediste disculpas) por minimizarme y llamarme perdedor?

No es mi intención reprocharte todo lo que hice por ti, pues todo lo malo yo ya lo olvidé, sólo te pido que me entiendas como yo te entiendo y que dejes esa actitud tan radical: o todo o nada, o cambio o me dejas. Soy frío, lo sé, siempre fu así y no voy a cambiar. Tampoco me gusta salir a divertirme, prefiero quedarme en mi casa viendo Discovery Channel, carezco de imaginación para sorprenderte con detalles románticos y respecto a que no te doy tiempo, es verdad, pero qué necesidad hay de vernos todas las semanas si hoy en día existen recursos tecnológicos como el Messenger para comunicarnos más seguido. Prometo que esta situación durará sólo unos meses más, pero soy joven y necesito labrar mi futuro, un futuro en el que me gustaría que estés tú Mariel.

Si aún así insistes en dejarme, está bien, es tu decisión, pero no inventes dramas, mejor reconoce que si quieres terminar, es porque deseas hacer tu vida de soltera para salir con otros hombres, más divertidos y más cariñosos que yo seguramente, pero dudo que te aguanten como yo.

Eres una ingrata, ya no recuerdas todo lo que vivimos juntos, ahora apagas el celular y haces como si nada hubiera pasado ¿Es que acaso ya olvidaste nuestras palabras, nuestros besos, nuestras noches de pasión, las veces que lloramos y reímos juntos aquel 16 de octubre cuando, entre vino y rosas, desnudé tu intimidad por primera vez en el vivero de tu mamá?

Si dices que ya te hartaste de mí, déjame decirte que tú también me hartas, no soporto tus caprichos y tus desplantes, sin embargo, no puedo ni quiero dejarte, y no es por temor a estar solo como tú piensas, sino simplemente porque extraño y estoy seguro que nadie volverá a quererte como yo niña engreída. (Te extraño :( ).







LO PEOR DE LOS BLOGS

12 12 2008

Por Boogie, el aceitoso

  1. Hacen que cualquier taradito se alucine periodista.
  2. Son el premio consuelo de los columnistas frustrados a los que ningún periódico daría una columna ni por joder.
  3. Se escriben única y exclusivamente para poder insultar a otros bloggers y a sus allegados.
  4. Los leen únicamente los bloggers insultados y sus allegados para tener a quién responderle un triste insulto, (y existir).
  5. Tratan, casi siempre, sobre qué cositas hizo el blogger hoy, con quién se encontró, qué película vio, qué sabor de helado comió y otras huevadas por el estilo.
  6. Son el gran festival de la piratería: todo el mundo los rellena tijereteando lo que otros escriben.
  7. Los escriben presuntos próceres que pontifican sobre absolutamente todos los temas del barrio, del mundo y de la vida pese a que, casi siempre, carecen de barrio, de mundo y de vida.
  8. Hay un huevo de gente (huevera) que desperdicia en ellos el tiempo precioso que podría emplear leyendo un buen libro.
  9. Hay otro huevo de gente (más huevera) que los lee solo para no morirse del aburrimiento en sus tristísimos empleos de oficina.
  10. Y hay, por último, otro rehuevo de gente (aún más huevera) que tiene, encima, el cuajo de cobrar un sueldo por sentarse ocho horas –tristísimamente- frente a una computadora a rascárselas con una mano mientras con la otra….actualizan su bloggggggggg.




LA DESPEDIDA

10 12 2008

Te digo adiós si acaso te quiero todavía

Quizás no he de olvidarte… Pero te digo adiós

No se si me quisiste… No se si te quería

O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste y apasionado y loco

Me lo sembré en el alma para quererte a tí.

No se si te amé mucho… No se si te amé poco,

Pero si sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo

Y el corazón me dice que no te olvidaré.

Pero al quedarme solo… Sabiendo que te pierdo,

Tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós y acaso con esta despedida

Mi más hermoso sueño muere dentro de mí.

Pero te digo adiós para toda la vida,

Aunque toda la vida siga pensando en tí.


No pensé que este día llegaría pero así debe ser. Era lo previsible. Todo tiene un comienzo y un final y desde hace un tiempo empecé a presentirlo: nuestro fin estaba cerca.

Nuestra intensa relación amor-odio terminó por desgastar lo que un día nos unió. La puerta de vidrio y metal que alguna vez presenció nuestro primer beso, hoy nos ve estrechar las manos y sólo desearnos buena suerte.

Lo reconozco, alguna vez (o más de una vez) soñé en formar una familia contigo; habíamos superado tantos obstáculos que estaba segura que eso no podía ser más que una señal de algo, de que tú y yo nos quedaríamos juntos por siempre pero el destino es así y el amor se nos fue de las manos.

Quisiera decirte que estoy triste y tengo el corazón partido por la mitad, pero sería mentirte. A decir verdad, siento un gran alivio, hace tiempo había dejado de quererte y lo único que me mantenía atada a ti era la costumbre.

Es cierto que me apena haber fracasado en una relación en la que di todo de mí, y sólo me queda repetirte que “te lo dije”. El cariño es un sentimiento que debe ser alimentado día con día o de lo contrario muere, como el amor que sentía por ti.

Estuve muy enamorada de ti, créeme, pero no sé en qué momento pasó. Sólo sé que de pronto los días pasaban, no lo notaba, pero cada ocasional encuentro era la oportunidad perfecta para una nueva discusión y la idea de terminar ya no me importaba tanto.

Te amo, pero ya no te amo, me importas y siento un enorme cariño hacia ti, jamás olvidaré lo que vivimos juntos, pero hoy sólo deseo encontrar en ti al amigo, mas no al hombre.

Decidiste hacer tu vida sin incluirme en ella y no te culpo, me alegra que decidieras estudiar mil cosas y consiguieras más empleos extra, no me incluiste en tu lista de prioridades y te fuiste alejando de mí hasta que me hice a la idea de que mi vida no estaba incompleta sin ti. Nunca tuve vocación de novia de pueblo y no puedo esperar a que tengas tiempo para mí. Eso, aunado a tu acostumbrada frialdad, tu aletargamiento y tu torpeza emocional, hicieron que me olvidara de ti.

Lo siento, no puedo quererte si no estás cerca de mí, no voy a amar la idea de ti. Me sacaste de tu vida de a pocos y hoy yo debo sacarte de la mía, lo dicho, no éramos el uno para el otro. Sin embargo, debo decir que fueron los 20 meses más intensos de mi vida y guardo el mejor de los recuerdos de ti, pero con franqueza debo reconocer de frente a ti que ya no te quiero.






COSAS QUE NUNCA TE DIRÉ

8 12 2008

Nunca te diré…

Gracias, sólo por estar ahí, junto a mí, y por ser como eres.

Eres la persona más importante de mi vida y todos los días rezo para que, pase lo que pase, pueda estar cerca de ti, aunque sea como amigos.

Nunca pensé que llegaría a quererte como te quiero ahora.

Eres lo más relevante que me ha pasado en los últimos diez años (si no es que en toda mi existencia).

Besarte por vez primera fue lo más maravilloso y lo más desastroso que me pasó en la vida: aunque no sabía cómo hacerlo y mis brackets chocaron con los tuyos, no puedo describir lo que fue que me regales tus labios.

No puedo perdonarte aquella vez en casa de mis padres (tú sabes qué), sin embargo, no puedo negar que esa fue la aventura más adrenalínica que viví hasta ahora.

Mi cariño por ti es auténtico y genuino, se acentuó y se fortaleció con el paso de los años, por eso sé que no se extinguirá.

Te amo y no estoy segura, pero creo que te amaré siempre.

Conocerte hace que haya valido la pena vivir esta humilde e innecesaria vida.

No te mueras nunca (es que no lo resistiría).

Lo lamento, pero me siento incapaz de decirte estas cosas frente a frente, no tengo el valor suficiente, ni siquiera a mis 36 años, sólo espero que sepas comprender que no puedo ser mejor de lo que soy, pero eso no disminuye, de ninguna forma, lo que hoy siento por ti.





ESTE CHICO DE AHORA

3 12 2008

Un chico como muchos y a la vez como pocos. Como muchos pues su vida transcurre en un aula universitaria sin pena ni gloria, y como pocos, porque la búsqueda del amor es su principal motor. Así es Manuel, un joven flaco y desgarbado que vive por donde el destino lo lleve.

Estudia periodismo porque así lo decidieron sus padres, de lo contrario no hubiera sabido qué hacer, sin embargo, sueña con ser un periodista famoso, algo paradójico, pues según confesó, su vocación es el Turismo y Hotelería. “Pero más adelante puedo mezclar ambas cosas”, enfatiza.

Su otro gran anhelo es quizá el más difícil, no obstante, está seguro de lograrlo y éste es el encontrar una mujer a quien amar para formar su tan ansiada familia feliz, con tres niños que en unos años más aguardarán por él cuando llegue cansado de trabajar.

Romántico empedernido, Manuel reconoce que debe superarse en los estudios, pero eso puede esperar; ahora prefiere pensar en el amor de su vida al cual ha jurado entregarse por completo, pues la idea de reservar su castidad hasta el matrimonio no le es obsoleta, sino, por el contrario, le parece la mejor prueba de lealtad.

“Sé que puedes pensar que no, pero yo sí creo que lo voy a lograr”, afirma sonriente respecto a sus enmarañados ideales. Bien dijo Calderón de la Barca: “La vida es sueño y los sueños, sueños son”.