LA INFIDELIDAD

26 01 2009

¿Es posible amar y ser infiel? Yo digo que sí. Antes no lo creía y condenaba a aquellos que no contenían las ganas de cometer un traspiés y empañar así su aparente felicidad junto a la persona que eligieron, me parecía un acto absolutamente deleznable y que no tenía derecho al perdón. Hasta que me pasó a mí.

Todo empezó un 2 de julio. Yo amaba a P y él (según él) también, a su modo, claro. Aunque teníamos muchas broncas por su falta de compromiso, atenciones y cariño hacia mí, él siempre me convencía de que yo era la única en su vida y que pase lo que pase, siempre estaríamos juntos. Ambos planeábamos ir a pasar un fin de semana a Valle del Norte. Era la oportunidad perfecta para hacer las paces y tratar de salvar nuestro amor de la crisis que estábamos pasando. Partiríamos el sábado al amanecer, cuando la noche anterior, el muy cobarde me mandó un frío mensaje de texto diciéndome que el sábado tendría que trabajar ¡Qué estúpida me sentí! ¡Cómo pude haber creído nuevamente en él! Es obvio que nunca seré más importante que su trabajo y su codicia por obtener dinero. Pero decidí que eso no afectaría mis planes así que llamé a Marilyn y le supliqué que me acompañara en mi loco viaje, así que el día siguiente, partimos hacia donde el destino nos llevara.

El destino y la falta de gasolina nos llevaron a Chincha, un lugar donde el sabor y los exuberantes morenos nunca faltan. Perfecto para un par de solteras despechadas como nosotras. Nuestra primera parada fue una fiesta patronal donde abundaba el vino casero y el pisco. Ahí me encontré con Héctor, una migo de Mary Jane, mi sensual y mundana amiga. Héctor había sido su gran “amigo” por un tiempo, pero ya no lo era más. Aunque para mí era un patancito más que se creía la gran cosa porque tenía un auto del año, era ideal para acompañarme en esa noche de diversión. P lo conocía y aunque no lo reconociera, lo detestaba por ser guapetón.

Héctor me preguntó dónde estaba P y le dije que habíamos terminado, entonces se ofreció a invitarnos una copa de vino a Marilyn y a m mí. Marilyn aceptó encantada, pues de inmediato había hecho buenas migas con el amigo de éste, Ricardo. Ya en confianza, Héctor me dijo que había hecho bien en dejar a P, ya que yo estaba muy guapa y me merecía a alguien mejor. El vino estaba a punto de acabarse, y mientras Marilyn bailaba “El Alcatraz” con Ricardo, Héctor me ofreció compartir su último sorbo de vino conmigo, pasándomelo de boca a boca, qué asco! Pero como estaba ebria acepté.

Por supuesto que no llegué a encamarme con él. Su beso fue como una visita al dentista. Ni siquiera pude besarlo porque fue como si una boa constrictora inmovilizara mi boca, ag! Treinta años y no sabía meter la lengua. No sabía cómo escapar de ahí, estábamos a cinco horas de Lima y no tenía gasolina, de hecho, ni siquiera podía ponerme de pie. Héctor me propuso que fuéramos a su auto, cuando entonces sonó mi celular, gracias a Dios: era P, diciéndome que había llegado de trabajar y que lamentaba no haber podido viajar conmigo. Cuando me preguntó dónde estaba, sólo atiné a decirle que con unos amigos de la maestría, pero que ya me encontraba rumbo a casa.

Luego de ello, busqué a Marilyn, la llevé a la fuerza hasta el auto, tras lo cual vomité al lado del neumático. Luego dormimos toda la noche y nos fuimos.

Como siempre, me reconcilié con P, aunque a pesar de todo, me sentía culpable por mentirle y no contarle lo que en verdad pasó. En realidad, no había sido tan grave, excepto por el hecho de que Héctor me llamaba insistentemente para repetir nuestra salida y yo recordaba a la abominable boa que me hizo un lavado bucal.

Pero ayer en una acalorada discusión con P, hablé de más y le conté lo que pasó en Chincha. Él, por supuesto, no quiere saber nada de mí y no cree que sólo hubo un beso entre Héctor y yo, y claro está, nunca me perdonará.

Sé que no hice bien en ocultar lo que hice, pero lo que ocurrió me sirvió para confirmar que el único al que amo es a él y sobre todo, comprendí que no quiero besar otros labios que no sean los de P. pero él, típico macho al fin y al cabo, es incapaz de perdonar una travesurita que me costó más a mí que a él. Anyway, si la infidelidad sirve para descubrir lo que de veras sentimos por nuestras parejas, qué viva la infidelidad! (mientras que no me la hagan a mí). He dicho.





VOY A SER MAMÁ

20 01 2009

Voy a ser mamá. En unos meses más voy a ser mamá. Así me lo confirmó el médico y seis pruebas de embarazo que me hice anteriormente.

Aunque la noticia no me alegró en un primer momento y es más terror lo que siento, una extraña sensación de felicidad me embarga, sí, felicidad, o como quiera que se llame este sentimiento de ansiedad por ver llegar al mundo a un pedacito de mí.

Aunque las piernas se me hincharon, lloro por todo, mis pezones están sensibles y engordo más cada semana, creo que lo peor ya pasó. Al principio me negaba a aceptarlo: atribuí los vómitos a la gastritis y la ausencia de regla a mi dieta de la manzanilla…así que cuando lo confirmé, a las 11 semanas y media, era un poco tarde para remediar la situación.

Bueno sí, pensé en abortar, y qué? Tengo 23 años y aún me quedan tantas cosas por hacer que no era el mejor momento para tener un bebé, además estaba sola en esto…pero él me convenció.

Me refiero al padre. No somos novios ni nada que se le parezca, pero debo admitir que me alegra contar con él. Pudo haber sido cualquiera que una conoce por ahí, pero no, afortunadamente, saqué cuentas y el padre no podía ser otro más que R onald, mi compañero de juegos de la infancia, obviamente no pasa nada con él y sólo somos amigos, lo que pasó fue cosa del momento, habíamos bebido demasiado en el cumpleaños de la Chana, nuestros cuerpos deseaban encontrarse y pues…pasó.

Aunque a ninguno le emocionó la noticia, reconozco que hemos sabido asumirlo, sobre todo frente a nuestros padres, frente a su madre devota del Señor de los Milagros, que aunque me odió al principio por atar para siempre a su hijo con una casquivana como yo, hoy nos obsequió el primer regalo del bebé: unos zapatitos de lana, son tan lindos que me puse a llorar (para variar), quizá no tenga ropa, pero zapatos sí, aunque sean de lana y él nazca en invierno.

¿Cómo definir esto que siento de llevar una vida dentro de mí? No lo sé, es algo mágico, que supera todas mis expectativas. No lo busqué pero ya está aquí y lo deseo de corazón. No sé si sea tan buena o mala madre, pero sí tengo claro que lo primero que le enseñaremos su padre y yo es a amar todo lo que esté a su alrededor y a que cada todo lo que haga, lo haga por amor, lo demás, a la mierda. Sólo espero no fallar…(aún sin conocerte, te amo hijito).





ME LLEGA AL PANCHO

12 01 2009

Me llega al pancho…

-Los carros llenos cuando hacen subir a la gente y la gente que se aglutina y se aglutina en sus vehículos poniendo en riesgo sus vidas y dejándonos sin respirar a los que estamos dentro.

- El abuso de los cobradores y líneas de transporte de no cobrar el 50% de la tarifa real de los pasajes universitarios. Lo peor es que nos hacen pagar incluso la tarifa completa valiéndose de infundamentadas argucias.

- El sonido chirriante y nefasto que hacen algunas personas para limpiarse con su lengua entre los dientes delante de las demás personas, es lo que más puedo odiar en la vida, igual que las personas que se limpian con llaves las orejas o hacen largos enroques para esputar o peor aún; los que aprietan sus fosas nasales para expeler sustancias mucosas en plena vía pública. Repugnante!

- La gente que tira basura a la calle, pero sobre todo, los que tiran basura a través de los microbuses cáscaras de fruta, botellas y hasta corontas de choclo he tenido que ver volando por las ventanillas de estos autos.

-Que haya gente que nace con suerte y todo les cae del cielo, todas las oportunidades se le dan y sólo porque tienen buena estrella mientras hay otros que tenemos que lucharla toda la vida por lo que queremos, no es por ser envidiosa, pero todos deberíamos tener las mismas oportunidades.

- Que el dinero sea tan imprescindible para poder subsistir (viva el Che Guevara! Je, je).

- Las brechas sociales, que la repartición no sea justa y que haya tantas personas que tienen tanto y otros que tienen tan poco (qué preocupada por la justicia social soy verdad?)

- Que haya tantos animalitos abandonados en las calles y que exista gente sin corazón capaz de maltratarlos (adopten animalitos abandonados, no los compren!).

- La naquez, la ordinariez y el mal gusto. La raza y la condición social nada tienen que ver con tener clase. Y para colmo de males, mi compañera de trabajo es una oda al mal gusto y la ignorancia, no sabe ni lo que es ópera (debe pensar que es un término médico, pero qué se le puede pedir a alguien que inventó la palabra “lluviznar”) y va a trabajar en buzo y tacos con plataforma y lleva su cartera metida en una bolsa de supermercado, fashion emergency!!!

- Que me toquen insistentemente el hombre con el dedo índice, quisiera golpearlos cuando me hacen así, qué no pueden hablar?

- Que mi jefe me succione media cara a la hora de saludarme con un beso (aggg, primero, ni siquiera debería saludarme con beso, pues no le he dado confianza, pero lo peor es que sea tan brutal y me deje babeada).

-Que el amor sea tan complicado, que los hombres sean tan complicados y que nunca nos fijemos en la persona correcta.





SI NO ESTÁS CONMIGO

6 01 2009

Hubo una vez que el amor llegó a mi vida. Sentí las famosas “mariposas en el estómago” , sonreía pensando en su recuerdo, esperaba ansiosa el día que lo iba a ver, sentía que caminaba sobre nubes de algodón y que con su amor, hubiera podido hasta volar. Pero esto se acabó.


Ese era el destino. Estaba escrito. Siempre debí saberlo. Era una relación condenada a fracasar. Entonces cómo pude ser tan estúpida para dejarme arrastrar por este sentimiento.

Todo se acabó y así tenía que ser. Somos tan diametralmente opuestos que nuestras peleas habían resquebrajado aún más nuestra ya quebrantada relación y no cabía ni un “lo lamento” más. Mientras yo soy activa, acelerada y me muero por ti, tú eres casero, aburrido, prefieres ver cómo la vida pasa sin hacer nada y eres frío y distante.

Mientras lo que más te molesta de mí es mi carácter impulsivo y temperamental, a mí me molesta tu torpeza emocional. Me tratas como si te valiera tres pepinos y sólo cuando me hartaba, hacías algo por retenerme. Además eres tan inexpresivo y poco caballeroso que siempre me preguntaba ¿por qué? ¿por qué sigo a tu lado? Y la respuesta era simple: por amor.

Pero como todo tiene su final, nada dura para siempre, todo se terminó, en un abrir y cerrar de ojos, aquel 26 de julio: mientras tu prima celebraba el día más feliz de su vida, un fastuoso matrimonio, nosotros nos decíamos adiós definitivamente.

Aunque no quería acompañarte a ese matrimonio, tu notable insistencia durante todo el día terminó por convencerme (siempre ganabas y es que no podía decirte que no a nada). Pero nuestras acostumbradas rencillas terminaron aflorando y esta vez no fuiste el hombre paciente de siempre. Podías aguantarme cualquier cosa, pero no delante de tu familia. Yo dejé el lugar, tú viniste detrás de mí y a empellones me dijiste que estabas harto de mí, que era la última vez que me aguantabas una escenita y que ya no me querías. Aunque te miraba con una sonrisa cínica como si poco me importara, por dentro quería morirme en ese mismo instante y decirte: “Para, por favor, no ves que me estás matando? ¿Que puedo aguantar cualquier cosa menos que no me quieras?”

Ese día marcó mi vida. Hubiese deseado tanto borrarlo de mi existencia pero ya no había marcha atrás. La relación había terminado y de la peor forma posible. Unas horas antes reíamos haciendo planes y escogiendo un terno para ti, y ahora ya no quedaba nada. Sentía que el dolor me partía en dos, pues aún con todos tus defectos y los míos, sé que nunca amé a nadie como te amo a ti y nunca podré ser feliz con nadie como lo fui contigo pero no hay nada que pueda hacer, después de todo es lo mejor, pues no éramos el uno para el otro, eso estaba claro, a veces el amor no es suficiente para que una relación tenga éxito y lo siento. Ahora no puedo hacer otra cosa que llorar, pero no por ti, sino por e amor que se me va de las manos y me deja vacía por dentro. Perdóname si te herí y recuerda: “sólo quiero que seas feliz”.





PARA LOS RECIÉN GRADUADOS COMO YO (o para aquellos que sólo quieren pensar un poco)

3 01 2009

En pocos días seré una graduada más y más que alegría, tengo una mezcla de sentimientos encontrados, pues me embarga la nostalgia y el miedo por lo que vendrá. Imagino que en esta etapa a muchos les pasará igual y en este 2009, suerte y todos los éxitos a los recién egresados que como yo, deseamos labrarnos un futuro mejor. Y sobre cómo definir lo que hoy siento, no tengo una puta idea, ni sé qué escribiré en mi discurso final, pero hoy leí un discurso que me motivó y me hizo pensar mucho en qué es lo que quiero hacer con mi vida y quise compartirlo con ustedes. Ahí les va:

Discurso pronunciado por Anna Quindlen
en la Clase de Graduados
del año 1999 en Villanova

La vida y el trabajo jamás deben ser confundidos. El segundo es solamente una parte de la primera. Jamás olvides lo que le escribió un amigo al Senador Paul Tsongas cuando éste decidió no presentarse para la reelección debido a que le habían diagnosticado cáncer: “Ningún hombre jamás dijo en su lecho de muerte: ‘Ojalá hubiera pasado más tiempo en la oficina.’”

Jamás olvides las palabras que me envió mi padre en una tarjeta postal el año pasado: “Aunque ganes la carrera de las ratas (la competencia), sigues siendo una rata.” O lo que escribío John Lennon antes de morir baleado en Dakota: “La vida es lo que sucede mientras uno está haciendo otros planes.”

Tú saldrás de aquí esta tarde con una sola cosa que nadie más tiene. Allí afuera habrá centenares de personas con el mismo título que tú; habrá miles haciendo lo que tú quisieras hacer para ganarte el sostén. Pero tú serás la única persona en la vida que tenga la custodia total de tu vida.

Tu vida en particular. Tu vida entera. No sólo tu vida en el escritorio, o tu vida en el omnibus, o en un auto, o en la computadora. No sólo la vida de tu mente, sino la vida de tu corazón. No sólo tu cuenta bancaria, sino tu alma.

La gente ya no habla mucho acerca del alma. Es tanto más fácil redactar un informe que dar vida a un espíritu. Pero un informe es un consuelo frío en una noche de invierno, o cuando estás triste, o quebrantado, o solo, o cuando recibes los resultados de un examen y no son gran cosa.

Este es mi informe. Soy la buena madre de tres hijos. Nunca he querido que mi profesión me impida ser una buena madre. Ya no me considero el centro del universo. Participo. Escucho. Trato de sonreír.

Soy buena amiga de mi marido. He intentado que mi matrimonio tenga sentido. Participo. Escucho. Trato de sonreír.

Soy buena amiga de mis amigos, y ellos lo son conmigo. Sin ellos, no habría nada que yo pudiera decirles hoy, porque yo sería una figura de cartón. Pero yo los llamo por teléfono, y me reúno con ellos para almorzar. Participo. Escucho. Trato de sonreír.

Sería pésima, o al menos mediocre, en mi trabajo, si aquellas cosas no fueran ciertas. Es imposible ser excelente en tu trabajo si tu trabajo es todo lo que eres.

De modo que esto es lo que quiero decirte: construye una vida. Una vida real, no una búsqueda maníaca de la próxima promoción, de un mejor salario, una casa más grande. ¿Crees que estas cosas te significarían tanto si un día tuvieras un aneurisma, o te detectaran un nódulo en el seno?

Construye una vida en la que observes el olor del agua salada tras una brisa sobre las colinas de la costa, una vida en la que puedas detenerte y observar el vuelo de un halcón de plumaje rojizo sobre el agua o la manera en que un bebé frunce el entrecejo al concentrarse para levantar una argolla con su pulgar y su dedo índice.

Construye una vida en la que no estés solo. Encuentra a las personas a quienes amas y que te aman a tí. Y recuerda que el amor no es ocio, es trabajo. Cada vez que mires tu diploma, recuerda que aún eres estudiante, aún estás aprendiendo a atesorar de la mejor manera posible tu relación con los demás. Toma el teléfono. Envía un e-mail. Escribe una carta. Dale un beso a tu madre. Abraza a tu padre.

Construye una vida generosa. Mira a tu alrededor las azaleas del vecindario donde te criaste; observa una luna llena suspendida como plata en un cielo oscuro en una noche fría. Y comprende que la vida es lo mejor que se puede tener y no debes restarle importancia.

Ama tan profundamente sus bondades que quieras difundirla por todas partes. Toma el dinero que gastarías en beber cerveza y dónalo a obras de caridad. Trabaja en un comedor comunitario. Sé hermano mayor para una persona necesitada. Todos ustedes quieren tener éxito. Pero si además de eso no hacen el bien, entonces lograr el éxito no será suficiente.

Es tan fácil malgastar nuestras vidas: los días, las horas, los minutos.

Es tan fácil dar por hecho el color de las azaleas, el lustre de la piedra caliza en la Quinta Avenida, el color de los ojos de nuestros hijos, la manera en que la melodía de una sinfonía asciende, desciende y desaparece y asciende nuevamente. Es tan fácil existir en lugar de vivir.

Yo aprendí a vivir hace muchos años. Algo realmente malo me sucedió, algo que cambió mi vida de una manera que, si hubiera podido elegir, jamás hubiera cambiado en lo más mínimo. Y lo que aprendí de ello fue algo que parece ser la lección más difícil de todas: aprendí a amar el viaje, no el destino. Aprendí a observar todo lo bueno en el mundo y a intentar devolverle algo porque creo en él total y absolutamente. Y en parte traté de hacer eso contándoles lo que yo aprendí. Contándoles esto:

Mira los lirios del campo. Observa la pelusa en la oreja de un bebé. Lee en el jardín de tu casa con el sol en tu rostro. Aprende a ser feliz. Y piensa en la vida como una enfermedad terminal porque si lo haces, la vivirás con gozo y pasión, como debe ser vivida.

Tú puedes aprender todas estas cosas allí afuera si logras una vida real, una vida plena; una vida profesional, sí, pero además otra vida, una vida de amor y de sonrisas y un vínculo con otros seres humanos. Sólo mantén abiertos tus ojos y tus oídos. Aquí pudieron aprender en el aula. Allí el aula está en todas partes. El examen llega al final.

Ningún hombre jamás ha dicho en su lecho de muerte: “Ojalá hubiera pasado más tiempo en la oficina.”

Conocí a uno de mis mejores maestros en la playa de Coney Island hace unos 15 años. Era diciembre y yo estaba escribiendo un cuento sobre cómo sobreviven los desamparados durante los meses de invierno. Nos sentamos sobre los barandales de madera, balanceando las piernas a un costado, y él me habló de su rutina, mendigando a lo largo de la playa cuando ya se retiraron los turistas, durmiendo en alguna iglesia cuando la temperatura bajaba a cero grados, ocultándose de la policía.

Pero me dijo que la mayor parte del tiempo se quedaba en la playa, mirando en dirección al agua, tal como lo estábamos haciendo en aquel momento, aún cuando hacía frío y tenía que usar como prendas de vestir los diarios después de haberlos leído.

Y le pregunté por qué. ¿Por qué no se iba a alguno de los albergues? ¿Por qué no se internaba en el hospital para intoxicados?

El sólo miró hacia el océano y dijo, “Mira el paisaje, jovencita. Mira el paisaje.”

Y cada día, en alguna forma, trato de hacer lo que este hombre me dijo. Trato de mirar el paisaje.

Y esta es la última cosa que tengo para decirles hoy, palabras de sabiduría de un hombre que no tiene siquiera un peso en el bolsillo, ningún lado adonde ir, ningún lugar donde estar.

Mira el paisaje. Nunca te sentirás defraudado.