
Estuve posponiendo el momento de escribir sobre ti, día tras día, hasta que encontré una carta, una gran carta de alguien que escribía con toda seguridad mucho mejor que yo y decía todo aquello que me hubiera gustado decir.
No escribí hasta ahora porque no encontraba las palabras, porque no quería ser una más de las que se subiera al coche y hablara sin saber, sólo porque eras el tema de moda. Quería esperar a que pase toda esta cobertura mediática en torno al fatídico 23 de marzo que perdiste la vida.
Vivimos en un país donde todos los días ocurren accidentes de tránsito y ya a nadie le importaba hasta que te pasó a ti. No tapemos el sol con un dedo, fuiste tú mismo quien causó su muerte, pero creo que no vale la pena escarbar en lo que pasó ni en buscar culpables, el hecho es que ya no estás aquí y aunque poco te conociéramos, quizá tan sólo a través de la radio, tu ausencia nos deja un gran vacío.
Soy de las que se impresiona por las muertes tan repentinas, pero en tu caso, realmente me afectó, más que por ti, por los tuyos que aún no se sobreponen a tu partida; por Juliana, porque yo también he amado y no puedo imaginar lo que ella pueda sentir, yo, cobarde como soy, sé que no lo soportaría.
Pero también lo siento muchísimo por ti. Me jode que alguien joven, con tantos planes por delante y en la cúspide de su carrera profesional, se vaya así, estaba segura que te salvarías, pero por esas cosas del destino, no fue así. Mi única pregunta es: ¿Por qué los hombres buenos siempre se van primero? Descansa en paz Álvaro.
Carta a Álvaro Ugaz
Por: Leissy Atauje
No puedo negar que a veces te odiaba cuando tu voz era lo que me despertaba. Pero de no haber sido así, creo que nunca hubiera llegado a tiempo al colegio, y posteriormente, a la universidad.
Nunca te conocí en persona. Nunca te vi. ¡Pero tu voz me resulta tan familiar! ¡Vamos! ¡Me despertaste todos los días por mucho tiempo!
Es extraño despertar ahora y no escucharte. Es extraño. Es triste.
Escucho la radio, veo la televisión, leo los periódicos. Estás en todos y a la vez en ninguno.
Sigo pendiente de cada noticia relacionada a los acontecimientos posteriores a tu deceso. Trato de ver todos los noticieros, leer (seré sincera), al menos, los titulares de todos los diarios, y de escuchar la radio en cuanto tengo oportunidad.
Tal vez estés leyendo esto en el mismo instante en el que lo escribo.
He visto a Juliana, en los pocos momentos que han invadido su privacía y creo que puedo decir que los periodistas están siendo bastante respetuosos. No es como en otras ocasiones. No. Esta vez todos, más allá de la noticia, no buscan saber que pasó con “la víctima”, sino con “el amigo”.
Si Alvaro, me parece que tenías demasiados amigos, demasiada gente te ha mostrado su respeto y eso me hace pensar que realmente me perdí de conocer a una gran persona, un excelente ser humano. Demasiada gente ha hecho suyo este dolor de tu deceso. Y tal vez no puedo incluirme, porque no me siento lo suficientemente digna, digámoslo así.
He oído los comentarios que hicieron tus oyentes, (si, esos a los que despertabas día a día o a los que acompañabas al trabajo,…). Y muchos expresaban sus condolencias entre lágrimas, contando lo mucho que les apenaba tu pronta partida, y el excelente profesional que fuiste.
Traté de llamar pero de sólo marcar el número se me quebraba la voz. ¿Soy bastante sensible, sabes? pero pocas veces lloro por alguien que no conozco. O que creo no conocer.
Porque me parece que te conozco como si te hubiera visto. Pese a no haber intercambiado palabras nunca, y a que nunca me escuchaste, yo a ti si. Y repito, por muchos días…
Alvaro, ese sábado por fin me dieron permiso de salir. Fui al concierto de los Nosequien y los Nosecuantos en el sur, con mi prima y mi novio. Terminó como a las 3am y teníamos que regresar a Lima apenas acabe el concierto. Íbamos con la camioneta de mi novio, y nos moríamos de sueño. Ni mi prima, ni yo, ni mi novio, tomamos licor ese día. Éramos concientes de que volver tomados y con sueño seria peligroso. Demasiado.
Así que al salir mi novio tomo el volante, y manejó despacio, mientras yo le hablaba fuerte y le hacia bromas para que no se duerma. Íbamos bajando por la Panamericana Sur. Y mi novio sobreparó un poco, vimos hacia la derecha y había una camioneta plateada totalmente destruida, nos preguntábamos si habría alguien dentro, nos persignamos y mi prima dijo “Dios, alguien ha fallecido en ese choque”. Yo de inmediato dije “pero, ¿con qué ha chocado?” No nos percatamos de que el auto honda negro estaba detrás del Auxilio vial que estaba detenido al lado de la camioneta plateada.
Avanzamos aún más preocupados, y llegamos a casa. Bueno, mi novio nos dejó a mí y a mi prima en mi casa. Debido al estado en que vi esa camioneta, le pedí a mi novio que maneje con mucho cuidado y que me llame al llegar a su casa.
Me acosté en mi cama y no pude dormir hasta que recibí su llamada. “Amor, ya llegué, estoy bien, descansa”.
Cuando desperté el domingo y mi mamá me contó lo que te había pasado. No lo dudé, era tu camioneta la que habíamos visto. Y eso quedo confirmado cuando vi las fotos que presentaban los programas y los diarios.
Sí Alvaro, en ese momento pensé: “Pobre Juliana”. Imaginé que Juliana esa misma madrugada también esperaba tu llamada “amor, ya llegué, estoy bien, descansa”. Y esa llamada nunca llegó. Lo que llegó fue esa trágica noticia.
Desde ese momento, estuve al tanto de todo lo que pasó mientras estabas en la clinica, llegué a pensar en aparecerme por ahí, pero no lo hice.
Soy solo una oyente, pero me preocupaba muchísimo tanto tu estado de salud, como el de Juliana.
Cuando la vi el día lunes salir por la ventana, llena de esperanza, de ilusión, no aguanté las lágrimas y pensé “Álvaro va a salir de esta”.
Salí con mi novio y al encender la radio de la camioneta escuchábamos a Carlos Cornejo recibir las llamadas de los oyentes que no podían contener su llanto.
Entonces me quedé helada. ¿Falleció Álvaro? ¡Dios mío! “Nadie tiene la vida comprada”, comentábamos con mi novio.
Eso es muy cierto, ¿no Álvaro? Pero vaya que supiste como organizar la tuya. Y tus méritos te llevaron a ser el gran periodista que fuiste. Y no solo gran periodista, sino, mejor ser humano.
No me imagino el dolor de tus padres, ni el de Juliana. Pero desde aquí mi pésame y condolencias. No llegué al velorio y pensaba ir al sepelio, hasta que me enteré de que no habría tal.
Solo me queda desde aquí, agradecerte por haberme ayudado a graduarme, que si no fuera por ti, repito, hubiera llegado tarde siempre.
Gracias por haberme enseñado como debe ser un periodista a carta cabal. Que no solo habla y habla, sino que habla, escucha y siente.
Gracias Álvaro, porque me he dado cuenta de que conocer a una persona no solo es verla. Es escucharla.
Álvaro, Dios debe ya tenerte allá arriba, y de seguro estás contándole las primicias de aquí abajo. Hemos perdido el cuerpo, pero el ser humano ha quedado en todos los que te hemos escuchado y visto. Ya te reunirás con Juliana cuando el Señor así lo decida. Por ahora, abrázala fuerte desde arriba, para que pueda afrontar este dolor tan grande. Y no solo a ella, sino también a tus padres.
Creo que no hace falta que te lo diga ¿verdad? He oído que solías ser muy tierno con tu familia, que tenías “mamitis”.
Si Álvaro, a veces no decimos TE QUIERO lo suficiente a nuestros padres. Pero parece que tú lo hiciste.
Que en paz descanses, que la Virgen te guie allá arriba y que goces de la Gloria de Dios que todos ansiamos.
¡GRACIAS ALVARO! Y perdona la confianza de escribirte estas palabras.
¡HASTA SIEMPRE, MAESTRO!